miércoles, 8 de febrero de 2012

Un problema laboral: la falta de diversión.

Una de las cosas que creo que sería fundamental en una sociedad sana sería que la gente disfrutase más de su trabajo. Al fin y al cabo, le dedicamos al menos un 25% de nuestra vida útil… y buena parte del resto no es tan divertido (30% dormir, y un porcentaje indeterminado para otras obligaciones que no son siempre divertidos o un objetivo escogido en la vida (cuidar la casa, transporte, la familia, hacer las compras…).

En otras palabras… nuestra vida ideal no incluiría necesariamente un trabajo que raras veces es realmente satisfactorio. Seamos honestos… hay pocos trabajos que “llenen”. Un trabajo se hace por el dinero o bien porque llena… Hay muchos trabajos que ni dan dinero… ni llenan realmente… sencillamente, pagan las facturas. La gente que hace esos trabajos lo hace porque no tiene muchas otras alternativas, ni se ve saliendo de esos entornos para hacer algo mejor. O bien porque nunca ha pensado en hacer algo mejor. En cualquier caso, su trabajo claramente no es una fuente de satisfacción. Así… ¿cuánto costaría cambiar esa percepción del trabajo?

Pensemos en términos analíticos. Si revisamos el contenido de los trabajos que se ofrecen… no hay muchos que sean ideales. Es mi opinión… pero por cada uno que llama la atención… hay unos cuantos que no lo hacen. Si, pongamos, alguien quiere ser astronauta… primero que muy pocos lo consiguen, y segundo que hay cientos, sino miles, de puestos en los que no pensaríamos… que sustentan ese puesto de astronauta “ideal”, pero que nadie escogió realmente hacer. Lo mismo para un diseñador. Lo mismo para un directivo… ¿cuánta gente que estudia Administración y Dirección de Empresas acaba dirigiendo una empresa? Hay muchos que hacen cualquiera de las funciones de la empresa, de forma especializada, y no siempre directiva. Esto en general es aplicable a todas las profesiones. Se podría decir, que los puestos “estrella” están reservados para quien mejor los merece. Después de todo, es un mundo competitivo… pero luego también pasa que mucha de esa gente conseguidora, triunfadora… han tenido que sacrificar por el camino muchas otras cosas… que quizá les habrían hecho más felices. El éxito a veces puede ser una causa de soledad. O no. La cuestión, es que no es algo que actualmente se considere mayoritario. Ser camarero con cuarenta años pocos lo verán como un éxito… y sin embargo, puede que esa persona esté haciendo exactamente lo que más le gusta. Y eso le haga feliz, aunque eso suponga renunciar a más salario o estatus social. El de camarero puedo ver que tiene una serie de aspectos que tienen un factor enriquecedor. Servir a los demás puede ser altamente satisfactorio. Igual que alimentarlos. Tiene una componente de amor (suena algo rancio, lo sé… pero quien no haya disfrutado de la sonrisa de un cliente satisfecho quizá debería probarlo alguna vez… y notar esa sensación agradable de que esa sonrisa ha sido en parte fruto del esfuerzo de uno). En cambio… los números no te sonríen. Las facturas tampoco. Las gráficas tampoco. Ni las cosas. Es el uso que se hace de ellas… el sentido que tienen, lo que realmente satisface y motiva.

No todo el mundo necesita esa motivación de saber que su trabajo tiene una utilidad. Hay gente que se contenta con recibir su cheque a final de mes… y saber que ha hecho lo que se le pedía… sin pedir nada más. Sin importarle nada más. Quizá esos puestos son para ese tipo de gente. Yo digo que no… que todas las personas podrían obtener algo más de su trabajo.

Yo digo que mucho del trabajo se ha dividido en función de intereses no comunitarios, y que unos se han quedado la mejor parte, no exenta de dificultad y responsabilidad, y otros con lo demás… no exenta tampoco de dificultad y responsabilidad… pero desde luego mucho menos interesante.

No querría que se me malinterprete. Mucha gente disfruta produciendo cosas, o números… y eso es indudablemente útil para la sociedad… pero muy pocas veces se les ha preguntado si eso es lo que querrían hacer. Si pudiesen escoger, probablemente mucha gente desearía ver más consecuencias de su trabajo. Esas cosas que las corporaciones a veces ignoran, que son las visitas a todos los departamentos, o a las fábricas, o a los clientes… ayudan a darle a uno una perspectiva sobre su participación en algo más grande (una organización) que tiene un impacto que puede ser muy grande (un producto que alcanza a todos los hogares, por poner un ejemplo)… y también le da una perspectiva sobre su trabajo (especializado, detallado… e ignorante muchas veces de lo que pasa en el resto de la organización).

Ese es un factor de satisfacción. Y otro es la diversión. Creo que cuando se organiza el trabajo debería contemplarse el factor “fun” o “diversión”. Hacer que un trabajo sea divertido lo hace increíblemente más atractivo. Cuesta menos dedicarle esfuerzo y dedicación a un trabajo cuando nos resulta divertido y estimulante hacerlo. Muchas de las funciones “superiores” se reservan ese parte divertida… que muchas veces involucra un alto grado de libertad, y a veces también de responsabilidad. Una persona que maneja una empresa siempre disfruta más sabiendo adónde va su empresa que no un empleado que no sabe ni siquiera si las cosas van bien o mal más allá de su departamento. No saber dónde se va no es divertido.

Voy a mencionar a Punset, que tiene unas cuantas lagunas… pero que mencionaba en el último libro suyo que leí un experimento algo cruel que refleja algo de lo que digo. A unas ratas se les suministraba una descarga eléctrica, de intensidad variable y con una frecuencia impredecible. A otras, se les aplicaba el mismo patrón de tortura, pero se les ponía una palanca (y creo que en los primeros instantes se les hacía creer que la palanca tenía algo que ver con las descargas). El caso es que no era cierto, pero esas ratas que tenían la palanca sobrevivían significativamente más que las otras. Es decir, el tener la sensación de que se controla algo (aunque no sea cierto), ofrece mayor longevidad (o reduce el estrés que finalmente las acababa matando a todas). Todas acababan muertas, pero les ofrecía una esperanza, o un alivio… aunque fuese temporal e incierto. Aprovecho para mencionar que esto podría compararse con la función de la religión, que quizá haya proveido históricamente, especialmente a las gentes más desfavorecidas, con un pequeño salvavidas que quizá prolongó la vida en el pasado. Quizá. Pero ese no es el tema.

Lo que quería decir es que poner el trabajo en contexto. Saber que eso es parte de algo, que tienes un cierto control sobre tu vida… (o el resultado de tu trabajo), desde luego lo hace más interesante y más satisfactorio… y a lo mejor hasta te hace vivir más.

Alguno me argumentará, y con razón, que mucha gente no quiere saber. Muchos directivos de empresa se estresan mucho… y muchos empleados al verlo se congratulan de no saber tanto. De no saber qué hay más allá de sus puestos. O qué no hay. No sabría si una sociedad debe componerse también de esa clase de individuos… manipulables y hasta cierto punto incapaces de progresar por sí mismos, y que sobre todo valen para hacer lo que se les dice… o si esos individuos llevan ineludiblemente a una sociedad polarizada. Los que dirigen y los que obedecen. Al estilo de esas películas de ciencia-ficción futuristas… donde las sociedades ya no las componen individuos libres y pensadores, sino miembros de clases, predestinados desde su nacimiento… e incapaces de ser nada más de lo que se ha establecido sobre ellos.

Volviendo al tema de la diversión. Independientemente del carácter de las personas, un trabajo puede siempre tener una componente divertida. No tiene por qué ser algo menos serio, sencillamente se le puede dar un enfoque que haga que la gente se lo pase mejor en su trabajo. Permitiendo el intercambio entre departamentos (más gente, más intercambio), aunque ello suponga un factor de “pérdida de tiempo”. Alguien tendría que darse cuenta de que algunas horas al año perdidas en aspectos sociales (chit-chat) compensan con creces esas horas de absentismo involuntario (salud) y también voluntario (“ante la duda, me quedo en casa”), que suele afectar a unos individuos más que a otros. Un aspecto fundamental del estado de salud de una empresa, y que casi debería formar parte de sus memorias anuales, es el grado de absentismo laboral… en conjunto. No me extrañaría que los directivos fuesen de los que menos absentismo muestren, y no creo que tenga que ver necesariamente con su mayor compromiso o remuneración.

Un poco más de esfuerzo por parte de esos directivos o mandos medios, precisamente para darle a todos los miembros de su organización una componente más lúdica sin duda aumentaría la productividad. Algunos ejemplos: organizar actividad no relacionada con el propio trabajo que involucre a gente distinta. Estas actividades pueden ser de carácter corporativo (como intervenciones de la empresa en su entorno social inmediato, o campañas de publicidad, o campañas de explicación de su función a otras partes de la empresa) o no. Algunas tareas, incluso de tipo tedioso, puede ser divertidas hacerlas esporádicamente. Por ejemplo, archivar… organizar a un equipo de 4 personas haciéndolo… en lugar de asignárselo exclusivamente a una persona… sin duda hará que la actividad se realice más rápidamente y que todos se lo pasen mejor… que no si sólo una persona tuviese que ocuparse de todo. Sí… hay un esfuerzo mayor en la coordinación de esas personas, pero también hay un factor indudable de motivación porque el trabajo se acaba más rápido, porque se colabora con otras personas y porque se hace algo diferente de lo habitual. Preguntar a las personas lo que les gustaría hacer dentro de la empresa, que no tenga que ver con lo que hacen habitualmente… permitiría también aflorar algunas ideas y enfoques distintos, sin que suponga una amenaza para la forma habitual de hacer las cosas, sino sencillamente una aportación distinta. Es inddubale que lo fundamental es la buena organización de este tipo de actividades. ¡Cuántas veces las corporaciones se presentan con ideas magníficas carentes de contenido y carentes de motivación! ¡Cuántas veces los esfuerzos de RR.HH. resultan casi más desmotivadores que motivadores, precisamente por esa falta de concreción y de fe en que esas ideas aporten algo al trabajador! Voy a recordar aquí que de lo que se trata es de que el trabajador disfrute más del trabajo. Que tenga algo diferente que contar en casa. Que piense y hable sobre ello.

Hay gente a la que todo esto le parecerá una estupidez. Gente que va a trabajar por el dinero y es todo lo que quiere. Gente que no quiere ser motivada. Gente para la que esto serían solo distracciones molestas. Gente que tampoco se plantea mejorar su trabajo. Sólo quiere hacer lo que le digan… y si es posible, que sea poco, que sea fácil y que suponga que le paguen más. Esa gente está demasiado viciada de una mala praxis… Me pregunto si alguien se lo ha hecho ver… o ha intentado recuperarlos para el buen funcionamiento de la empresa, pero de forma honesta. Claro que, resulta difícil qué tanto mejor una empresa puede ir con gente motivada o gente no motivada. Si realmente hacen la diferencia… cuando la mayor parte de las veces, en la mayor parte de los puestos, ni siquiera se valora a las personas para que marquen esa diferencia.

Disculpad por el momento pérfido.

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