sábado, 27 de agosto de 2011

Del autoconcepto

¡¡Qué importantes son los roles para determinar nuestro comportamiento!!

Menuda perogrullada, dirán algunos. Pero pensad de nuevo... frente a una decisión importante en la vida... cómo ser, qué estudiar, cómo reaccionar frente a una agresión hacia otras personas, cómo queremos ser recordados, cómo nos vamos a sentir bien... muchas veces acudimos al rol, a la imagen que engloba un tipo de comportamiento al que queremos aspirar. El "astronauta" de otros tiempos era el tipo que iba, apoyado por el grupo, el pionero, el mejor entre los elegidos, y el que tenía más responsabilidad. Era un rol... igual que en otros tiempos lo era el caballero... que se comportaba con todos los rasgos de la caballerosidad... no porque le saliesen del alma, sino porque los tenía como modelos. Había decidido que se iba a comportar como se comportaría un caballero.

Y lo mismo con el autoconcepto. La imagen de uno mismo. Por ejemplo... si yo no me considero un cobarde... entonces frente a situaciones de riesgo me veré "obligado" a ser valiente para no aparecer ante mí mismo como un cobarde. Bueno, la gente consistente hace eso... los que no lo son lo que hacen es cambiar la percepción de la realidad para adaptarse. No actúan como valientes, pero reducen la situación de riesgo... alegando que no era para tanto, que no era necesaria su intervención... cualquier excusa para justificar que en realidad no son unos cobardes. Cuando, en realidad, lo fueron... Quizá no lo he expresado muy bien.

Pongamos otro ejemplo. Digamos que me considero una persona razonable. Si me meto en 10 peleas en un finde... ¿realmente puedo seguir pensando lo mismo? Claro... puedo pensar que el mundo se ha vuelto loco y tal y tal... pero me parece que no va a colar mucho... al menos para la gente que usa su inteligencia.

Pues... si la gente dispone de roles y de autoconceptos "elevados". Si queremos parecernos o ser gente íntegra, con valores, sacrificada, esforzada, que consigue cosas, que es "buena" para los que le rodean, etc, etc... pues acabaremos respondiendo a esos modelos de comportamiento. Esperemos que la sociedad los valore... porque puede ser (ha sido, muchas veces, históricamente), que generaciones enteras se vayan al garete porque sus roles ideales no encajaban con los nuevos tiempos (dictados por los gobernantes o por la sociedad en general). Hoy no tendría sentido una generación de super-caballeros andantes, ¿Cierto?. Es más, sería contraproducente en muchos casos. Pero tampoco es plan que nuestros personajes públicos no estén a la altura del más bajo de los modelos rol de antaño. Salvo algunos deportistas... ¿qué modelos tenemos a quienes queramos parecernos? En política ni te cuento lo poco estimulantes que son. En negocios... bueno... ¿quién queda que brille por su integridad en el mundo de los negocios?. En el amor... ¿Brad Pitt? pfffff....

En fin... que el ejercicio de escoger bien a quién queremos parecernos (en caso de que no tengamos una personalidad fuerte y alineada con nuestro verdadero yo)... es bastante importante y deberíamos tenerlo en cuenta más... para no tener una sociedad de alelados como parece que estemos a veces.

jueves, 25 de agosto de 2011

La cocina... ¿común?

Algunas veces, las personas te sorprenden con declaraciones sobre temas que no te habías planteado nunca, y que sin embargo están llenas de sentido común.

Hace unos años un familiar cercano vino a comentarme que le parecía un lujo enorme el hecho de disponer de cocina en cada hogar. Y, aunque no es algo que se mencione a menudo en los libros de historia o que hablen del progreso de la humanidad... es cierto. La cocina siempre ha sido algo bastante público, compartido, común.

No sé en las civilizaciones antiguas... pero tenemos referencias: los molinos, los hornos, los graneros, los pozos, son puntos asociados a la comida y son públicos (o al menos, comunes, en el sentido de que es obviamente más eficiente hacerlo así). Si nos adelantamos a la época romana, donde la individualidad está mucho más presente (la propiedad privada, el derecho romano...), sabemos de posadas y casas de comidas. Y si vamos a la Edad Media, el puchero es una constante. No es algo tan "común", puesto que ya la gente habitaba en sus habitaciones, pero probablemente con cocinas compartidas. Aparte de las casas "aisladas", lo de la cocina en cada vivienda para mí que explotó con la época de los pisos... o digamos que no se reflexionó demasiado sobre ello. Si se podía tener una cocina en cada vivienda, fuese piso o casa, pues se tenía.

A lo que iba... si consideramos el tamaño de las familias actuales (2-4 miembros), el tamaño de los pisos (siempre encogiéndose), el coste del espacio, y especialmente los hábitos alimenticios (comida preparada, comida fuera de casa, poca cocina en sentido estricto)... se pregunta uno si realmente se necesita una cocina en cada vivienda... y si no sería más eficiente y aceptable tener cocinas comunes. Una cocina (con servicio o no) para x pisos, pero donde x es siempre mayor que 3 o 4.

Sin duda hay algunos temas, como la privacidad, las neveras, los suministros... que tendrían que resolverse... pero que tecnológicamente no serían un problema. Piense el lector... ¿cuántas, de las 21 veces que podría "comer" en casa cada semana (desayuno, comida, cena), ha cocinado realmente en casa? ¿Estaría dispuesto a sustituir todo el espacio actual por una cocina común, en su mismo piso... con su nevera (o su espacio privado), y un horno, fogones, utensilios, etc, siempre en buen estado de revista?... ¿o sencillamente, cada uno con sus cacharros? Los inconvenientes serían el cruzarse con los vecinos, la higiene o las manías... pero ¿acaso no se podrían resolver?

Incluso con cocinas públicas. Una especie de cocina, con 1-3 cocineros que trabajan bajo pedido... y un servicio de montacargas para subir la comida a cada piso. En fin, hay mil soluciones, pero viendo el coste del espacio de cocina que tenemos y el uso que hacemos en la vida moderna, creo que hay margen para pensarlo.

Aparte, bien hecho, aumentaría el contacto social, los vínculos de la comunidad... y algunos se sentirían mejor.

Ahí queda esa idea... para los arquitectos o diseñadores. :)

lunes, 22 de agosto de 2011

Del nombre propio

Reconozco que cuando me pongo a escribir entradas en el blog, no me documento demasiado, en parte por pereza, y en parte porque el objeto de este blog es comentar mis pensamientos e ideas... no sustentarlas o hacer disquisiciones más o menos académicas. Aparte... hay tantas tonterías escritas por ahí fuera, que a veces resultan contaminantes.

El asunto de hoy: el nombre propio. La cultura que yo conozco (Occidente) trata el nombre propio con una mezcla de funcionalidad (para identificar a los individuos, con todo lo que ello conlleva), referencias religiosas y culturales... y poco más que pueda destacar. El nombre no tiene la relevancia que tuvo en su momento, y ahora básicamente se busca algo bonito, acorde quizá con la personalidad deseada para el vástago, algo quizá que sea fácil de recordar.

Pero en otras sociedades más antiguas, el nombre no sólo identifica al individuo, sino que está asociado a él más allá de la palabra. En el antiguo Egipto, la mitología nos habla de que el Dios creador fue engañado para revelar su verdadero nombre a otra deidad, lo cual lo hizo vulnerable a la magia y debió abandonar su puesto de Dios absoluto para retirarse a unas funciones más protocolarias (como el Presidente de las Repúblicas Alemana o Italiana... de cuyos nombres casi nadie se acuerda porque su función, aunque superior en el escalafón, es sólo secundaria, sancionadora y no ejecutiva). La magia es una predecesora de la religión en la explicación de los fenómenos ininteligibles para las sociedades antiguas. Y la magia usa de los nombres para los conjuros. ¿De qué otra manera pueden los poderes oscuros identificar a los individuos que han de ser objeto de su acción?


Francamente... creo que fue una buena decisión el retirar el valor pseudo-espiritual que tuvo el nombre propio. Demasiadas supersticiones y tonterías asociadas al nombre propio, que hacían vulnerable al individuo. Pero tengo que reconocer que la posibilidad de escoger el nombre propio tiene su atractivo.

En algunas sociedades dichas primitivas pasa así. Hay un nombre para etapas diferentes de la vida, y los nombres se escogen en función de la personalidad o los logros del individuo frente a la sociedad. Los ritos de iniciación a la vida adulta suelen estar asociados también. Y creo que están bien... son pequeños retos que los individuos tienen que pasar para significarse socialmente. Les otorgan derechos y deberes. Llamarse León y ser un cobarde... qué sinsentido! La fuerza que el autoconcepto provee no es desdeñable. El tener que responder a las expectativas, el forzarse a ser porque es lo que se espera de ti... es un motor impresionante.

Por poner un ejemplo: haber nacido en una familia de intelectuales reputados casi obliga (a la par que facilita) que los nuevos vástagos se obliguen a un alto nivel intelectual, si no siempre a una carrera en la misma pista. En las familias orgullosas, y con linaje... el tener que mantener el honor y la fuerza del apellido... obliga a esfuerzos adicionales. A veces tontos. A veces, más allá de lo que nos gusta confesarnos... realmente dan sentido a nuestras vidas, aunque no siempre los hayamos escogido.

Pero si puedes escoger tu nombre. Decidir que vas a ser un León, que vas a estar a la altura de lo que se te pida. O, César. O, Elena... la más hermosa entre las hermosas. Y ser hermosa no será sólo un don, sino una actitud. Elegida por uno mismo. Woao. En lugar de llamarte como tus padres decidieron, tomas tu propio nombre y te independizas también en eso. Pues sí... le veo su qué. Es una responsabilidad, sí... pero mantiene la preponderancia del individuo sobre la sociedad (sus padres, su familia) y puede ser un elemento de fuerza interior.

viernes, 19 de agosto de 2011

Patetismo mediático

Con la que está cayendo, yo tengo que insistir en que una de las cosas que más está fallando es el nivel de nuestros medios de comunicación.

Tanto en lo político, como en lo económico, como en lo social, apestan.

En lo político, sólo hay que ver cómo cambian las noticias en función del color ideológico que tenga el rotativo (o diario digital). Se ofrecen pocos datos, son sesgados muchas veces y la línea entre noticia y opinión está totalmente difuminada. Aparte, algunos medios directamente obvian noticias que no les interesan. Y desde luego, todos se mueven a un son que marca "alguien" (un puñado de mandamases de los periódicos, o quizá alguien externo). Aquella imagen del magnate dictando los titulares en una película de James Bond parece más realista que nunca.

En lo económico... al menos los periodistas podrían tener un poco más de formación. Salvo esperanzadoras excepciones, es bastante obvio que el periodista no sabe de lo que habla y confunde términos y hace asociaciones interesadas de carácter simplista, que conectan con el público simple, pero que no arrojan luz sobre el tema tratado, ni desde luego permiten al público simple aprender nada.

En lo social... me remito a los programas telebasura que tanto abundan últimamente, y que me han hecho un asíduo de los programas de animales en la sobremesa estival (pero de los de verdad, de esos que andan por la savana o las junglas más inhóspitas). Algún día tengo que hablar también de esos programas de fauna, que al parecer tienen un nivel de interpretación tan alto como los programas sobre la fauna social... recauchutada, carente de educación, chabacana, aburrida, estridente y apestosamente falsa. Si son un reflejo de la sociedad, malo. Si no, también malo. Algún ejecutivo tendría que pensar (un poco bastaría), y decidir que es capaz de ganar dinero haciendo otro tipo de programas. Claro que tan baratos, será difícil... pero al menos no maltratarán a la sociedad tanto.

Volviendo al tema de los periodistas... realmente tengo curiosidad por saber qué les enseñan en la Universidad. Donde en los antiguos elefantes mediáticos veía color político, sí... pero también buenas maneras, un cierto fondo de valores y consistencia... y hasta pundonor personal, que es un requisito de las profesiones liberales. Quizá ya no hay periodistas que se sienten obligados a indagar la verdad o a mostrarla por encima de todo, y ahora sencillamente son obreros de tal o cual periódico y se comportan como la línea editorial, ascendiendo más rápido (o solamente), aquél cuya radicalidad o alineación con la línea editorial sea más marcada.

Así las cosas, leer un periódico hoy en día es como asegurarse una dosis de mala leche. Se siente uno mal, tanto por lo contado como por cómo está contado (aparte de con faltas de ortografía, que en un mundo digital lleno de correctores automáticos como el que vivimos, ya no tienen excusa). Muchos amigos ya no se molestan... y asumen que si quieren informarse de algo de actualidad, los periódicos no son el medio. Claro que Wikipedia tampoco. E internet, sufre de otros males... que no garantizan que sea más fiable.

Conclusión: si podéis, evitad que vuestros hijos se hagan periodistas. Le haréis un favor a la sociedad si es que piensan ser como los actuales.

Supongo que esto no es un asunto exclusivamente nacional... pero no lo sé.

Por cierto... esta entrada viene a raíz del "periodismo deportivo", más radical y sesgado si cabe que el político. Leerlo embrutece por cierto, pero viendo los comentarios de la gente... entiende uno por qué maman lo que maman, y por qué el pais funciona como funciona en tantas cosas.

martes, 9 de agosto de 2011

De la homosexualidad (I)

Francamente, no es que la opción sexual de cada uno sea necesariamente un asunto social, pero puesto que involucra (normalmente) a dos personas, bien está saber, en los entornos de ligoteo, qué opción prefiere el que tienes delante (o la que tienes).

El caso es, que cuando se habla del número de homosexuales, se suele hablar entre un 3 y un 10%. Variaciones importantes, a la par que poco creíbles. Aquí voy a lanzar una batería de preguntas:
- ¿la homosexualidad varía en cantidad en función de la época histórica?
- ¿es una elección? ¿o viene tan dado como tu padre y tu madre? ¿es genético?
- Si fuese genético... ¿sería una de las opciones de la naturaleza para reducir la presión demográfica? (esto asumiendo la teoría de Gaia de que existe cierta conciencia en la Naturaleza y que algunas cosas pasan por un motivo... un poco en línea con la teoría del Evolucionismo... que se evoluciona para adaptarse...).
- ¿cuántos de los homosexuales han probado el sexo con el género opuesto?
- ¿es la misma proporción entre mujeres y hombres?
- ¿afecta de alguna manera a las habilidades de la persona? (y por tanto, la discriminación tenga un sentido más allá del sexo)... que no se me entienda mal... si un homosexual se considera que es más estiloso siempre, pues para un puesto que requiera ir siempre muy estiloso, puede ser una mejor opción que un ex-camionero (con perdón de los camioneros).
- ¿cuántos hay en la "zona gris"? (Así llamo yo a la zona en la que se encuentra esa gente que no ha decidido abiertamente su sexualidad: o bien no lo tiene claro, o bien se opone a su tendencia natural por motivos personales o sociales) Por ejemplo, esas personas que "salen del armario con 50 años"... ¿han sido siempre homosexuales? ¿pese a tener familia y haber sido padres y hasta buenos amantes durante buena parte de su vida?

Hoy no me voy a mojar más. Ya hablaremos del tema más adelante... pero se aceptan preguntas, comentarios, etc... para desarrollar el tema.