viernes, 20 de febrero de 2009

El poder del... castigo.

Uno es consciente de que esto de hablar del castigo es arcaico... suena a viejos tiempos, y a cabezonería. Incapacidad de hacer las cosas sin acudir a la coerción... "si no haces esto o aquello... te quedarás sin este o aquel beneficio... o tendrás tal o cual mal". Algo primitivo, ¿no? Y, sin embargo... tan eficaz.

Ahora se lleva la laxitud. Todo vale. Refuerzo positivo. No mirar atrás... aprender de los errores sí, pero no regodearse en ellos. No sentirse culpable... sólo capaz y mirar siempre adelante, sin prestar atención a los cadáveres dejados en la cuneta. Es un mundo competitivo... bla-bla... toda una retahíla de frases cortas que cincelan un pensamiento multidimensional resumido en que el castigo tiene un valor fundamental en la conformación del comportamiento de la gente. De la capaz, y de la incapaz.

Personalmente... creo que es mejor moverse por el estímulo del beneficio, que por el miedo al castigo, pero reconozco que ciertos aspectos requieren del martillo para que calen en nuestro carácter. Muchos niños no han recibido nunca ningún castigo, y nunca lo han necesitado, pero eso no significa que no supiesen y fuesen muy conscientes de la necesidad de ajustarse a unas normas, que asumieron como propias, y por tanto nunca rompieron. Y un día... si lo hacen, saben que puede haber un castigo... o que lo habrá. Y lo asumen, como parte de su libertad, y su responsabilidad.

Pero en este mundo que vivimos... no hay concepto de castigo. Castigo es penalizar el comportamiento "malo". Comportamiento "malo" es robar cuando se gestiona el dinero ajeno, robar o malgastar, comportamiento malo es mentir y engañar, es desear el mal ajeno por el beneficio propio. Será de niño de catequesis... pero es. Y los castigos lógicos para esos comportamientos son el oprobio público, para empezar, la devolución o resarcimiento del mal causado y muchas veces la pena (de cárcel, de pérdida del beneficio, etc). Así es como se ordena el comportamiento social básico. Si no hay castigo para el mal comportamiento... entonces no hay beneficio para el bueno. ¿Por qué ser un buen gestor si no voy a tener ningún premio o distinción con respecto al mal gestor? ¿por qué ser buen chico si nadie va a respetarlo más... sino más bien al contrario, te pondrán en el mismo saco que el malhechor?

Se ha relativizado el concepto del bien y el mal hasta tal punto que el castigo ha dejado de tener sentido, por cuanto no hay bien y mal... bueno o malo. en nada. ¿En nada? ¿No hay mejor o peor calidad? ¿No hay mejor o peor profesional de lo que sea? Una cosa es la libertad de pensar y hacer lo que uno quiera, y otro el creer que todos los pensamientos y acciones son igualmente válidas... porque no es el caso.

En todas partes... si no se marca una línea... no hay orden. Se trata de la Ley del más fuerte, o el más hábil... pero el concepto de verdad no tiene cabida. Cada circunstancia es relativa... todo vale. Desorden y caos.

En la sociedad occidental hay muchas áreas completamente podridas... y debilitadas hasta puntos de no retorno. Lo interesante es que la sociedad no tiene ni idea de cuán debilitada está... y sólo se verá en los momentos realmente difíciles... como los geo-estratégicamente relevantes.

Si pensamos en Europa, se me ocurren algunos retos para los que probablemente tengamos los instrumentos para acometer y salir adelante (conocimiento y capacidad técnica), pero no voluntad ni la fuerza que da la unidad de objetivo. No tenemos muchos retos comunes... pero peor... no somos conscientes de los peligros que ello conlleva. Gracias... clase política, por habernos adormecido tanto y haber cultivado la hinopia, la dejadez y la falta de ambición.
Decía... que tenemos varios retos delante nuestro: la Energía, la inmigración (o lo que se antoja muy parecido... el desequilibrio demográfico), el acceso a los recursos mundiales y nuestro papel en el mundo. Algo parecido le pasa a Japón... con la diferencia que ellos saben geoestratégicamente que se juegan la existencia, mientras que nosotros, con Rusia demasiado grande para sí misma y el cinturón ecuatorial demasiado dividido, nos creemos a salvo de todo.

Este último párrafo es de ida de olla. Tiempo de dejarlo.

domingo, 8 de febrero de 2009

¿Resignarse?

Cuando nos cuentan los proyectos que realizarán los ayuntamientos (o que se financiarán a través de los ayuntamientos)... uno se queda helado. Es la definición perfecta de pan para hoy y hambre para mañana. Es como el último festín antes de la frugalidad forzada... pero el festín ni siquiera es bueno. Parece un vaciado último de las arcas, para que los que están en el poder se lo gasten en los proyectos que en las épocas de vacas gordas estaban muy abajo en la lista de prioridades.

Es decir... el colmo de la incompetencia. El problema es que el dinero, igual que el país, es NUESTRO. Tuyo, mío y del resto de cuarenta y pico millones de españoles que viven en él. Mucha gente abomina del sentimiento de propiedad sobre el país... eso de estar orgulloso de tu país, o de los símbolos de tu país... se considera en muchos ámbitos (en el poder, en los Medios, en las escuelas, en la gente de la calle...), propio de otras épocas, retrógrado. Y así está la sociedad, idiotizada, mientras le roban el dinero delante de sus narices. Y lo extraordinariamente divertido es que... los seguirán votando. O sea... que acabamos mereciéndonos el gobierno que tenemos.

Pero no. Sigue siendo mi país, aunque lo tenga que compartir con gente que lo maltrata y desprecia. Pues con ellos o sin ellos, yo no pienso resignarme. Si el niño es tonto, habrá que armarse de paciencia y educarlo. Habrá que deshacer malos caminos y rehacerlos bien. Es duro pensar que hay que volver atrás, pero hay que hacerlo si queremos montarnos un futuro del que podamos sentirnos orgullosos. Volver atrás significa reducir ciertos hábitos improductivos, significa ahorrar y fijarnos más en lo que gastamos y cómo lo gastamos... y también en lo que invertimos... y a quién votamos, y por qué. Y ya puestos... plantearnos qué país queremos. Creo que hace varias décadas que no lo hacemos... Y también ha llegado el momento, de nuevo, de ser exigentes. Exigentes con nuestros gobernantes, exigentes con nosotros y exigentes con los que interactuamos. No aceptar la incompetencia. No mirar al otro lado cuando se pisotean los derechos de los ciudadanos. No decir "todos son iguales" y resignarse. Si no somos capaces de prometernos algo mejor... quizá no lo merezcamos. Pero para merecerlo hace falta ganárselo.
Toca.

viernes, 6 de febrero de 2009

El cuarto poder (¿?)

Diría que el periodismo en general tiene muy buena reputación como profesión... supongo que apoyado en tantas películas que los alaban como los verdaderos nuevos héroes, que buscan la verdad por encima de todo, y desenmascaran a los "malos y corruptos" políticos (especialmente), u otros "malvados". También ha habido muchos personajes célebres que han sido periodistas, desde muchos escritores hasta, finalmente, políticos. Supongo que ser reportero, ser el que cuenta la realidad, tiene su atractivo...

Pero yo no tengo muy buena impresión de ellos. Al menos, no en España. Las líneas editoriales de los diarios nacionales me parecen totalmente politizadas, muy poco independientes, y con muy poca calidad. Pocos hechos. Opiniones poco fundamentadas. Poco debate, y muy sustentado en tonterías.

En otros diarios (de otros países) encuentro una densidad de pensamiento, apoyada en un número de hechos y datos mucho mayor que en España.

Luego... veo "59 Segundos" y otros "debates", y si eso que traen (sí... "eso"), es el grupo de personas que "crean" opinión, entonces uno entiende por qué España sigue teniendo un nivel político tan bajo... Los contertulios se echan al cuello del contrario por pura cuestión ideológica y son incapaces de centrarse en los hechos... y desde luego no entienden el concepto de respeto a las ideas contrarias. O, si lo hacen, no lo demuestran frente a las cámaras o los micrófonos.

Hace muchos, muchos años... me parecía que los periodistas lo eran por vocación. Básicamente eran gente bastante culta (o eso me parecía) que se dedicaba al periodismo para poder vivir de su pasión por informar, y por la cosa pública. Hacían eso, pero bien podían haber hecho otras cosas, porque no les faltaba capacidad. Hoy en día me parece que están muy mal pagados, muy mal formados (¿cómo puede haber faltas ortográficas en el mundo digitalizado de hoy en día?) y muy maniatados (¡qué pocas ideas nuevas! ¡qué poca imaginación en el tratamiento de los hechos y qué poca capacidad de análisis más allá de las formas!).

Hoy en día los veo más guap@s, eso sí. Mucho más agradables frente a las cámaras... y a veces, muy lanzados y contundentes... pero muy flojos en opinión, o en criterio. Eso se nota especialmente en temas económicos, donde viendo las preguntas que hacen, se puede concluir ya que no saben de qué hablan... y preguntan sin saber... y demasiadas veces pretendiendo que saben y condicionando las respuestas a lo que esperan escuchar. Pienso en las preguntas de asuntos económicos, donde una pregunta mal formulada sobre un tema técnico... suele obligar al experto interpelado a pasar la mitad del tiempo reformulando la pregunta -redefiniéndola, porque claramente la pregunta inicial asumía preceptos erróneos, basados en la estupidez popular transmitida por la ignorancia-. Eso sí... al menos veo que saben más de idiomas (al menos inglés).

Lo que también veo, es una connivencia con el poder detestable. Veo poca transparencia en el gobierno, u otros organismos del Estado (o... los estados, porque en las Autonomías pasa algo parecido... pero aumentado)... y peor, veo la mayor de las apatías por parte de uno de los pocos contrapesos que nos da la democracia. Sin información, no hay libertad... pero con estos Medios que tenemos... parece que no "interesa" que se sepa nada. Ante un hecho determinado, y con los mismos datos... los titulares son previsibles por la ideología del periódico y a veces totalmente contrarios... ¡por el mismo hecho!

Si fuese periodista político, con un mínimo de independencia... ¿no me preguntaría por qué las cosas se manejan tan suciamente? ¿por qué la verdadera gestión del poder no tiene nada que ver con lo que se ve en los Medios? ¿por qué los periodistas agachan la cabeza ante las exigencias de las líneas editoriales de los periódicos principales... que escogen a los periodistas estrella precisamente por su ideología, y no por su capacidad de esclarecer la verdad?.

Quizá espero demasiado... pero lo que sí espero de los diarios es que me informen. Cuando un diario no me da suficientes datos sobre un tema en particular para que pueda mantener una discusión con una persona que opine lo contrario sobre el mismo hecho o suceso, no estoy informado. Y huelga decir que no se trata de ganar la discusión, sino de contrastar la información y poder llegar a formarse una opinión más sólida precisamente por haberla puesto a prueba frente a alguien que a priori opinaba distinto.

Más que de los propios periodistas, en realidad me quejo de los Medios... que han renunciado a los ciudadanos como objetivo de su devoción... se han dado la vuelta y se han convertido en gestores de opinión... la mayor parte de las veces al servicio del poder, más que como herramienta contra el poder (el abuso de).