miércoles, 4 de agosto de 2010

Al sol


Veranito.
Descanso. Relax. Comidas ligeras. Bebidas refrescantes. Brisas suaves, pieles morenas y brillantes.

O no. El caso es que muchas veces el verano es un agobio inmundo. El ruido de las aglomeraciones en la costa. El estrés del sube y baja con el coche... del trajín de cosas (con familia o sin ella)... es un poco engorroso.

Alabadas las vacaciones fuera de períodos destinados a las masas. Todos hemos estado ahí (la experiencia merece la pena)... pero no todos tenemos que seguir ahí.

Pero si nos centramos en los sentidos... el alejamiento de lo cotidiano. Estamos en un lugar distinto, lejos de casa, del trabajo, de todas las preocupaciones del día a día. Y podemos cerrar los ojos y sumergirnos en pensamientos espúreos, que no llevan a ninguna parte... pero se está tan bien oyendo sólo el suave romper de las olas y tostándose lentamente al sol. Y cuando es demasiado... refrescarse zambulléndote en el agua, dejando que tu cabeza se sumerja en un mundo distinto.

Para valorarlo... hay que no haberlo vivido nunca. Es difícil entender la gente que no ha disfrutado de unas vacaciones en la playa... y menos de forma regular. Es, sencillamente, genial.