domingo, 19 de febrero de 2012

Refuerzo positivo, refuerzo negativo

¿Será verdad eso que decía un anuncio... que el amor mueve el mundo? Qué sandez... dirán los realistas, pero lo cierto es que el amor es asimilable al deseo (no necesariamente carnal) o a la voluntad. El amor es el deseo de hacer algo, de conseguir algo, de someterse a ello de alguna manera. El amor a un objetivo... el amor por las cosas bien hechas... el amor por la autoimagen. Finalmente, acaba siendo un motor para cambiar las cosas, y para moverse.

No mueve el látigo, ni mueve el ser una pieza más... mueve el deseo de. Un algo por el que te dejas la piel, te arriesgas y te motivas. Sin amor... pocas cosas aparte de la necesidad acaban motivándole a uno.

Y... cuando las cosas se hacen exclusivamente por necesidad, no se hacen con demasiadas ganas, salvo que la necesidad de sobrevivir sustente el amor por hacerlo.

Por todo ello es importante reforzar los comportamientos y las conductas que estimulen el amor. Menudo batiburrillo de palabras fuera de lugar... pero los ojos avezados percibirán lo que quiero decir. La falta de voluntad acaba siendo peor que la malicia. Los corderos... peor que los lobos. Porque de los corderos no se protege uno... y los corderos suelen ser el objeto de protección, o de abuso... de los que tienen voluntad y capacidad de hacerlo. Los corderos, por supuesto, son los que no tienen voluntad. En las revoluciones, en los momentos de cambio, también son corderos esos que aun siendo oprimidos por el sistema antiguo... prefieren acogerse a él antes que los que traen el cambio. Es muy cierto que esos corderos no son tan tontos como los pintan... y que frente a las promesas de cambio saben ver también sólo un cambio de protagonistas, que no de sistema. Por eso también la gente es reticente a cambiar su voto y su opinión. Los liberales se quejaban de esos "corderos" que seguían a sus señores aunque estos les explotasen. Se quejaban de los católicos que seguían a pies juntillas las instrucciones de la Iglesia pese a ser conocedores de su injusticia (en ciertas épocas).

No seamos corderos. Busquémonos las motivaciones que nos hagan movernos y seamos capaces de preguntarnos, sobre todo lo que existe... qué es lo que debe permanecer y qué debe morir. Total... ¿Qué tenemos que perder?

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