martes, 21 de agosto de 2012

Tu publicidad me molesta

Tengo que reconocer que una técnica que me irrita más de lo que me gustaría es esa que se dedica a establecer complicidades con su público objetivo... pero haciéndolo delante de todos los demás.

Un ejemplo : "... hay una suavidad que sólo nosotras podemos entender", y habla de salvaslips femeninos.

El caso es... ¿qué sabrá el anunciante de lo que sé o dejo de saber o entender yo sobre suavidad? Esa posición de suficiencia y omnisciencia que se arroban las marcas genera en mí una sensación fuerte de desprecio. No sólo porque me siento excluido en esos casos (lo he visto mucho en productos "de género"... mujeres-vs-hombres) sino porque además suelen hacerlo desde la superficialidad... no desde el conocimiento.

Frente a esa osadía de la declaración pública que directamente significa a unos delante de los otros... hemos de constatar que las diferencias de género, precisamente, son hoy en día menores que antaño. Antes los mundos masculino y femenino estaban más marcados y diferenciados. Las mujeres sabían menos de los hombres que ahora... y, especialmente, viceversa. En aquella época podría entender mensajes de complicidad de esta índole, y en cualquier caso, en aquella época, creo, no se harían de forma tan ostentosa y burda. Había mujeres y había hombres.. con sus diferencias, tan obvias, que mencionarlas era sólo signo de estupidez. Y hoy en día, me parece que también.

Y quien dice "género", dice cualquier otro adjetivo. L´Oréal, por poner un caso global, con su "porque yo lo valgo", puesto en boca de una supermodelo o actriz de reputación, era igualmente impertinente. Casi peor, porque ponía a la marca por encima de los clientes... que escogerían L´Oréal porque habrían llegado al estatus de "merecerlo". Eso, sin siquiera haber probado el producto. Eso, siendo como es L´Oréal una marca "mass-market" que no está por encima en calidad de las marcas de lujo, por muy alta que sea su relación calidad-precio. Y si lo está, por esfuerzo en innovación, entonces que lo diga así... y no que lo dé por hecho. Y no lo da, porque posteriormente sigue insistiendo en que los resultados de sus productos son equivalentes a los de otros de lujo, varias veces más caros que los suyos. Es decir, que tienen la mejor relación calidad-precio... pero no la mejor calidad.

El mensaje: no me digan lo que puedo o no puedo sentir o entender, lo que es especial para sus clientes y no lo es para los que no lo son. Esto me pasa por tener tele.

miércoles, 8 de agosto de 2012

Del autoconocimiento, individual y social.


Es difícil controlar lo que sentimos. De hecho, se supone que no es posible controlarlo racionalmente… o se educa la forma como sentimos , a base de experiencia y supervisión, o bien se siente y punto. Podemos saber cómo sentimos… autoconocernos… gracias a las técnicas de introspección. Es posible que incluso aprendamos a entender cómo pensamos… pero parece innegable que la mayoría de la población no se conoce, ni se controla.

Si la sociedad y el entorno inmediato (familia, amigos) son estables, previsibles, presentes y se identifica el valor que tienen para el individuo, por el propio individuo, podemos tener una esfera de control. Todos los individuos tienen una cierta percepción común del orden social, de lo que se puede y no se puede hacer, y un plan de vida más o menos ordenado. Algunas sociedades ofrecen futuros más  abiertos, con más elecciones… y otras menos. En general, cualquier individuo puede adaptarse al entorno en el que nace, con éxito variable. Nadie piensa que sería sin duda más feliz en una autarquía. Y la gente que viva allí, al no haber vivido en una democracia próspera, quizá ni siquiera tenga deseos de vivir allí… y ambos pueden vivir felices con su modelo social, más o menos restrictivo.  Finalmente, los elementos fundamentales para un individuo pueden ser pocos: comida, cobijo, una familia, un trabajo. Durante generaciones, eso ha bastado a muchas mayorías… y de eso mismo se han aprovechado unas minorías, que han podido manejar el mundo, la cosa social, gracias a la falta de necesidad de manejar su vida en esferas superiores de esa mayoría.
Si no es a través de una educación bastante más amplia que  la que se imparte hoy en día, y a cantidades mayores que las actuales… uno no puede por menos que imaginar que siempre, siempre… habrán elementos de la sociedad que se sientan excluidos y a las que no les importe destruirla, porque nada provechoso ni trascendente obtienen de ella. Y pueden “sentir” que su misión, su única razón de ser, pueda ser la aniquilación de una sociedad que los oprime, los explota, los ignora o sencillamente, les obliga a algo que no quieren hacer.

El pensamiento original de estos párrafos ha sido un pequeño alelamiento pensando sobre una sociedad futura, muy desarrollada, muy tecnificada, que pueda soportar una gran presión demográfica en un planeta claramente escaso de recursos. Puede que ya hayamos alcanzado la masa crítica que hace inevitable un cambio en la vida del planeta… aunque pueda llegar dentro de cientos de años. 

El caso es que pensaba en que si la gente no piensa, sino que siente… y si el pensamiento requiere una cierta profundidad y educación que nadie parece molestarse en promover como prioridad por encima incluso del desarrollo económico… siempre vamos a tener individuos que no pensarán… o no lo harán por el beneficio del grupo. Pensemos, por ejemplo… en ese planeta sobre-explotado y sobrepoblado… donde la gestión de recursos sea fundamental. Pensemos en que esa gestión super-eficiente suponga un nivel de trabajo y un reparto de su beneficio ciertamente desigual y, desde luego, poco visible. Un planeta donde la gente no pueda sobrevivir ya como individuos… y quizá ni siquiera como pequeñas sociedades, sino que haya evolucionado hasta un punto donde la complejidad de la subsistencia sea enorme en comparación con la existencia natural. Donde comer sea una dependencia total del sistema y donde los individuos no hayan visto jamás el origen de los alimentos. Quizá incluso donde respirar aire puro sea un lujo, por el que haya que pagar. Pagar por vivir.

En este contexto los movimientos ecologistas podrían verse a sí mismos como salvadores del planeta, aunque fuese en una lucha baldía… y podrían optar por la destrucción de la raza o una involución descarada a base de destruir esa sociedad super-tecnificada… aún a riesgo de llevarse por delante la raza. Imaginemos que no es plausible. ¿No lo es? Actualmente somos una alimaña, demasiado extensa, demasiado variada y demasiado capaz como para ser aniquilada. Podemos encontrar y producir alimento en casi todas partes, organizarnos en grupos y progresar relativamente fácil. Quizá no podamos mantener ciertas sociedades como las actuales, pero sobrevivir, salvo que destruyéramos completamente el planeta, sobreviviríamos seguro. Pero digamos que los ecologistas… bueno, no es una descripción de la imagen que tengo de ellos... sólo es una línea de evolución posible para ciertas ramas de los ecologistas, más bien radicales, que abogan por un retorno a modelos de vida más sencillos, con el fin de evitar presionar al planeta. Para esa gente parece no haber lógica en que la única forma de mantener superpoblaciones es con super-eficiencia, y que probablemente eso implique una dependencia mayor de las super-sociedades (con el riesgo de opresión e infelicidad)… En su modelo de vida en el planeta hay que volver atrás… y como los niveles de población actual no son sostenibles con los recursos actuales… habrá que reducir la cantidad de seres humanos en el planeta. Esta, que es una conclusión lógica y fundamental en el concepto de “autosostenible” que tanto defienden… es una conclusión poco publicitada. Y sin duda lo llevo al extremo. Insisto en que esto no es algo que vea en el futuro inmediato… pero sí me parecería lógico que para esos grupos ajenos a lo social, el objetivo de su existencia se convirtiese en la eliminación de la sociedad que haría posible la vida en ese futuro. Para ellos el riesgo de extinción podría ser una solución para el planeta…   

No costaría tanto que consiguiesen sus objetivos. Primero se suprime el comercio (por vía de crisis energética, por ejemplo), la sangre del sistema. Rápidamente pasaríamos a tener escaseces en algunos sectores… luego en la mayoría de ellos. Aparecerían nuevas esferas de poder… y nuevos reinos de taifas, puesto que los gobiernos actuales no tendrían ni la legitimidad ni, con el tiempo, el poder de mantener un orden nacional. Algunas cosas del presente se mantendrían… algunos elementos tecnológicos… pero en pocas generaciones, sin ingenieros ni conocimiento compartido, ni fábricas ni acceso a las materias primas… volveríamos atrás. Una época oscura.

En ese contexto, posible… la involución es inevitable. Involución en el sentido de que se destruiría el orden establecido. Asumiendo que tuviesen éxito… ¿Cuál sería la prioridad de los supervivientes? Sería como un naufragio frente a una isla, sin posibilidad de ser rescatados… Algo que no extrañaría que hubiese pasado antes en alguna parte del planeta. Y se olvidarían muchas cosas... tantas cosas. 

Habría que revisar y escoger aquello que pudiera salvarse… el conocimiento… lo más importante. Y habría que buscar formas de sobrevivir en un mundo probablemente menos amable y más esquilmado de recursos que el que tenemos actualmente. De nuevo, el conocimiento sería casi lo único a salvar. Eso y quizá una variedad genética. Todo lo demás… prescindible. Incluso los valores que tendrían sentido en una sociedad super-tecnificada tendrían que simplificarse para una nueva sociedad… tribal, probablemente. Y luego… asumiendo un escenario de catástrofe y destrucción… ¿cuánto tiempo tardarían los supervivientes en volver a prosperar? ¿Cuántas generaciones? ¿Cuánto, entonces, del pasado podría ser salvado y transmitido a las nuevas generaciones? Y… ¿tendríamos ese conocimiento accesible? ¿Realmente lo podríamos mantener? ¿podríamos leer los ficheros que actualmente necesitan un aparato lector y una fuente de energía de unas características determinadas? ¿y tendría sentido en un nuevo escenario  post-cataclísmico? Qué desazón, que por la falta de control, por no haber controlado el crecimiento y la forma de crecer… llegásemos a una situación donde el futuro era peor que el pasado.

Y  todo por no haber pensado antes en esa posibilidad.