A estas alturas supongo que todo el mundo sabe que información es poder. Quien controla la información, controla el poder.
Se supone que la democracia exige una mayor distribución de la información. No hay libertad sin información. Lo saben los jesuitas y cualquiera que se pregunte por qué mandan quienes mandan y cómo lo hacen. Se supone que los periódicos e internet están para informar a los individuos para que las decisiones, individuales y colectivas, se sustenten en información real que haga que las decisiones sean buenas... en perspectiva, que las decisiones permitan a la especie existir, progresar... o bien a los que están en el poder, mantenerse.
Esto es algo que no hemos de perder de vista. Hace más de 50 años, si no más, que hay una conciencia global. Nos hemos dado cuenta de que el mundo ya ha sido completamente descubierto, que no hay posibilidades de mayor expansión, y que el hombre tiene una tendencia a crecer como especie, y a depredar el mundo... que pone en peligro su propia existencia. Cuando seguimos consumiendo de la forma que lo hacemos... y somos ya conscientes de que esto nos ha de llevar a nuestra perdición... pero nuestros líderes no lo impiden, sino que más bien lo alientan... ¿significa que nos ponemos una venda en los ojos sobre nuestro destino? Al menos el destino de la civilización actual (vamos a considerar una civilización global de momento... el mundo como lo conocemos, con el comercio como piedra angular de las estructuras)...
La información parece darnos la ecuación que muestra, a las claras, que estamos acelerando hacia nuestro fin (aunque parece que haya intentos de poner el freno... no atajan la realidad, y es que mientras sigamos creciendo, y nuestro modelo económico (y todo lo demás se sustenta en lo económico actulamente) exige crecimiento, estamos abocados al desastre. ¿Puede ser que, nuestros líderes, hayan considerado que era más difícil intentar ponerle freno real -cambiar el modelo, dejar de crecer-, que lanzarnos a consumir lo que queda del planeta... y mala suerte para las generaciones siguientes? Me parece que ha habido unos cuantos avisos, pero la cosa sigue igual... o eso parece. Está claro que las grandes masas (los de a pie) no entendemos lo bastante en qué se basa la economía, y cuando todo esto reviente (el modelo actual), sea en 15, 25 o 50 años... o quizá 100, ni nos habremos dado cuenta. Así de idiotas somos, como la rana en la olla calentada poco a poco...
La idea principal era... que uno se pregunta, viendo a los líderes actuales... si realmente son los líderes. El mundo funciona lo bastante mal como para creerlo, pero no tan mal como para no maravillarse de que las cosas básicas sigan funcionando: luz, agua caliente en el grifo, educación, seguridad, alimentos, etc, etc. Uno ve a Zapatero, o Sarkozy, o tantos otros políticos y no puede dejar de preguntarse... ¿de verdad esos son los que toman las decisiones importantes? Y cuanto más se les conoce, más miedo dan, y menos creíble es que así sea. Son auténticos personajes... y entonces, uno se pregunta... bien... para ganar las elecciones hay que aparentar, hay que conseguir votos... no necesariamente saber gobernar. Y a veces (muchas) gana el que consigue parecer más próximo a los votantes. Más parecido... ¿quizá más ignorante? Es decir, que saldrán quienes sean más "bajos" (menos preparados) o quienes mientan mejor. En cualquier caso... o tontos o viles... no es una imagen nada halagüeña.
En ese contexto, uno se pregunta... quizá es que esos no son los líderes de verdad. No son los que toman las decisiones de calado (Como decidir cambiar un modelo económico, invesstigar tal o cual tecnología con todos los recuross necesarios o definir las relaciones geo-estratégicas). ¿Será cierto que hay grupos, en la sombra, que son los que toman las decisiones y sólo tienen que manejar algunos hilos de tanto en cuanto, como conseguir que salga un candidato determinado (eso en España supone controlar sólo 2-3 partidos, menos de 1000 personas entre comités e influencias... y todas ellas controladas desde su aterrizaje en política. Supongo que a raíz de pensamientos como este sale lo del club Bilderberg... el deducir que es imposible que la Política Real la manejen los políticos que vemos en las noticias.
¿Es cierto entonces lo de la conspiración... y esto de la democracia no es más que otro mecanismo de control que sí, satisface a mucha más gente que otros modelos, pero sigue siendo lo mismo, una cortina de humo que impide ver quién maneja las riendas?
No es algo que me preocupe en exceso, pero porque no estoy pensando aún en las generaciones venideras, al contrario que hacían las precedentes, en que todo trabajo y esfuerzo tenía su justificación en lo que heredarían sus retoños.
Una recopilación de pensamientos en momentos determinados. Reflexiones personales sobre los temas más diversos, que creo pueden ser compartidas y comentadas. Si te hacen pensar un poco, han cumplido la función.
domingo, 29 de noviembre de 2009
sábado, 28 de noviembre de 2009
Impresiones de Asia
Vamos a precisar un poco más un título a todas luces excesivo. En Asia he estado sólo dos veces, en 2007 y ahora en 2009, sumando en total unos 40 días de estancia... y he estado únicamente en 10 ciudades/pueblos, así que vaya eso por delante para apreciar mejor la fuente y la profundidad de las impresiones... que no por ello son menos vívidas.
Entre las ciudades, destaco Seul, Tokyo, Kyoto, Hong Kong, Macau, Shenzen y Yangshuo.
Lo primero que me viene a la cabeza es un aspecto de dimensión. Allí las aglomeraciones de gente me parecen mayores. Las ciudades más extensas y más densas. Los ríos más amplios y caudalosos. Eso de entrada condiciona todo lo demás. Esas masas de personas, que por otro lado le parecen a uno menos familiares por tener rasgos físicos bien diferenciados, se mueven de forma distinta. Parece que caminen más (todo el día moviéndose) y más deprisa (sin distraerse), y eso agudiza la necesidad de estar más atento para evitar tropezarse. Asímismo, me dio la impresión de que la gente se fija menos en los individuos a su alrededor (o quizá yo era quien más se fijaba por ser la pieza extraña del puzzle), aunque no pierden contacto con lo que sucede (los flujos de índividuos... pero sin fijarse en ellos).
Esto lleva a una segunda impresión, que es la preponderancia de lo social sobre lo individual. Esta no es una reflexión propia, y ya he leído sobre ello en otras partes anteriormente, pero suscribo el hecho de que el individuo pierde relevancia respecto a lo que sucede, porque sencillamente es más prescindible porque hay más. Esto aplicaría a todos los fenómenos de masas, en cualquier parte del mundo. Valga como ejemplo cualquier ejército, donde nadie puede distinguir a un soldado de otro, y donde todo está montado para no distinguirlos. Esto lleva a cierto desasosiego respecto a uno mismo... y se siente más diluido en la escena, porque como individuo va a contar necesariamente menos... o al menos en apariencia.
Asociado a lo anterior (aquí hay cierta linealidad, pese a que parezcan retazos inconexos), tenemos el orden y su ausencia. En algunos sitios se respira ORDEN, con mayúsculas... civilización, incluso. Todo tiene un sentido, se ve la cultura, se siente y se vislumbran los valores que la sustentan, en buena parte de lo que hay y se hace. En Japón esto es extremo, y en otros sitios, como China, se ven elementos de una civilización muy potente, pero al mismo tiempo muy grande, demasiado grande para ser abarcada fácilmente por ninguna fuerza ordenadora, y, sin embargo, la hay... No parece tanto a pequeña escala, donde la vida familiar parece tener otro tipo de orden, pero sí a gran escala... al ver las dimensiones y velocidad de crecimiento de las ciudades, y la escala de ejecución de las decisiones estatales... denotan una voluntad de la jerarquía de grupo muy marcada.
Hong Kong merece un capítulo aparte, por la aparente mezcolanza de estilos muy complementarios, como es el inglés y el chino. Pragmatismo con dinamismo, orden y estilo con ambición y resultados. Soluciones de tránsito pintorescas, auténticas colmenas que, sin embargo, hieren menos la sensibilidad occidental que otras conurbaciones que he visto (alrededores de Seúl, por poner un ejemplo, o Shenzen). Debo decir, no obstante, que aunque Hong Kong me parece tener un orden superior al del resto de China, tiene poco de Occidental... si es que alguna vez lo tuvo, que creo que sí.
Hay dos capítulos que quiero resaltar, y son los olores y la contaminación. Hay muchos más olores (hablo ahora sólo de la parte sur: Hong Kong, Macau y China-Shenzen y Yangshuo), y cierta humedad que los transmite y los hace imperecederos. Desagradables, pero asumibles. Y la contaminación, tanto acústica (cómo les gusta en China darle al claxon para todo) como atmosférica... esta última era muy acusada, y me pareció presente incluso en las zonas rurales, aunque fuese sólo en forma de partículas de polvo, constantemente en suspensión y constantemente borrando los perfiles del paisaje y dando cierto misticismo al entorno, y... quizá, también favoreciendo un pensamiento centrado en el aquí y ahora, en la acción más que en la reflexión.
Finalmente, de China me sorprendió la aparente y constante necesidad de socializar (eso, en contraste con, por ejemplo, Japón). Me dio la impresión de que, aunque todo el mundo tenga algo que hacer, la gente está dispuesta siempre a una pequeña conversación, y casi parecería descortés o sospechoso no iniciar una cuando dos desconocidos se ven obligados a pararse de sus quehaceres, en un ascensor, mientras esperan a un cliente o cuando hay un turista. Pequeñas conversaciones, algunas interesadas, en general intrascendentes (no son disquisiciones complejas)... pero constantes. Con el servicio, con los policías, con los cajeros, con los transeúntes... preguntar y comentar parece una forma de reconocimiento social.
Obviamente, tengo muchas otras impresiones aún en el tintero, pero algunas (muchas) serán más constataciones de impresiones ajenas, obtenidas de lecturas o fotos anteriores, que de mi visita.
Entre las ciudades, destaco Seul, Tokyo, Kyoto, Hong Kong, Macau, Shenzen y Yangshuo.
Lo primero que me viene a la cabeza es un aspecto de dimensión. Allí las aglomeraciones de gente me parecen mayores. Las ciudades más extensas y más densas. Los ríos más amplios y caudalosos. Eso de entrada condiciona todo lo demás. Esas masas de personas, que por otro lado le parecen a uno menos familiares por tener rasgos físicos bien diferenciados, se mueven de forma distinta. Parece que caminen más (todo el día moviéndose) y más deprisa (sin distraerse), y eso agudiza la necesidad de estar más atento para evitar tropezarse. Asímismo, me dio la impresión de que la gente se fija menos en los individuos a su alrededor (o quizá yo era quien más se fijaba por ser la pieza extraña del puzzle), aunque no pierden contacto con lo que sucede (los flujos de índividuos... pero sin fijarse en ellos).
Esto lleva a una segunda impresión, que es la preponderancia de lo social sobre lo individual. Esta no es una reflexión propia, y ya he leído sobre ello en otras partes anteriormente, pero suscribo el hecho de que el individuo pierde relevancia respecto a lo que sucede, porque sencillamente es más prescindible porque hay más. Esto aplicaría a todos los fenómenos de masas, en cualquier parte del mundo. Valga como ejemplo cualquier ejército, donde nadie puede distinguir a un soldado de otro, y donde todo está montado para no distinguirlos. Esto lleva a cierto desasosiego respecto a uno mismo... y se siente más diluido en la escena, porque como individuo va a contar necesariamente menos... o al menos en apariencia.
Asociado a lo anterior (aquí hay cierta linealidad, pese a que parezcan retazos inconexos), tenemos el orden y su ausencia. En algunos sitios se respira ORDEN, con mayúsculas... civilización, incluso. Todo tiene un sentido, se ve la cultura, se siente y se vislumbran los valores que la sustentan, en buena parte de lo que hay y se hace. En Japón esto es extremo, y en otros sitios, como China, se ven elementos de una civilización muy potente, pero al mismo tiempo muy grande, demasiado grande para ser abarcada fácilmente por ninguna fuerza ordenadora, y, sin embargo, la hay... No parece tanto a pequeña escala, donde la vida familiar parece tener otro tipo de orden, pero sí a gran escala... al ver las dimensiones y velocidad de crecimiento de las ciudades, y la escala de ejecución de las decisiones estatales... denotan una voluntad de la jerarquía de grupo muy marcada.
Hong Kong merece un capítulo aparte, por la aparente mezcolanza de estilos muy complementarios, como es el inglés y el chino. Pragmatismo con dinamismo, orden y estilo con ambición y resultados. Soluciones de tránsito pintorescas, auténticas colmenas que, sin embargo, hieren menos la sensibilidad occidental que otras conurbaciones que he visto (alrededores de Seúl, por poner un ejemplo, o Shenzen). Debo decir, no obstante, que aunque Hong Kong me parece tener un orden superior al del resto de China, tiene poco de Occidental... si es que alguna vez lo tuvo, que creo que sí.
Hay dos capítulos que quiero resaltar, y son los olores y la contaminación. Hay muchos más olores (hablo ahora sólo de la parte sur: Hong Kong, Macau y China-Shenzen y Yangshuo), y cierta humedad que los transmite y los hace imperecederos. Desagradables, pero asumibles. Y la contaminación, tanto acústica (cómo les gusta en China darle al claxon para todo) como atmosférica... esta última era muy acusada, y me pareció presente incluso en las zonas rurales, aunque fuese sólo en forma de partículas de polvo, constantemente en suspensión y constantemente borrando los perfiles del paisaje y dando cierto misticismo al entorno, y... quizá, también favoreciendo un pensamiento centrado en el aquí y ahora, en la acción más que en la reflexión.
Finalmente, de China me sorprendió la aparente y constante necesidad de socializar (eso, en contraste con, por ejemplo, Japón). Me dio la impresión de que, aunque todo el mundo tenga algo que hacer, la gente está dispuesta siempre a una pequeña conversación, y casi parecería descortés o sospechoso no iniciar una cuando dos desconocidos se ven obligados a pararse de sus quehaceres, en un ascensor, mientras esperan a un cliente o cuando hay un turista. Pequeñas conversaciones, algunas interesadas, en general intrascendentes (no son disquisiciones complejas)... pero constantes. Con el servicio, con los policías, con los cajeros, con los transeúntes... preguntar y comentar parece una forma de reconocimiento social.
Obviamente, tengo muchas otras impresiones aún en el tintero, pero algunas (muchas) serán más constataciones de impresiones ajenas, obtenidas de lecturas o fotos anteriores, que de mi visita.
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