Somos, lo queramos o no, nos guste o no, herederos de nuestros antepasados. Tanto genéticamente, como, especialmente, social y culturamente.
Y al pasar más de veinte años en formación... estamos más que imbuidos de la cultura y la sociedad que vamos a heredar. Algunos "idealistas" sueñan con cambiar la sociedad... pero muy pocos llegan a tener un impacto significativo... y lo mejor que hacen es cambiar ciertos hábitos (en función de las nuevas propuestas de la sociedad, mayoritariamente las que aportan beneficios individuales)... para, poco a poco, darnos cuenta de que nuestras vidas, y nuestra sociedad, ha cambiado respecto a la de nuestros abuelos.
Pero esto es algo reciente. En tiempos medievales, por las diferentes referencias que tengo... tener una vida como la de tu abuelo ya era un éxito (y que lo llegases a conocer, otro). No había mucha impresión de progresión... e incluso había decadencia en muchos casos. La más visible, la decadencia demográfica, pero también el hambre, la destrucción por las guerras, epidemias cíclicas... En fin... cosas del pasado. Pero no olvidemos que muchos de nuestros abuelos crecieron sin agua caliente. Bendito invento y bendita su generalización para todas las clases sociales.
No estoy necesariamente criticando la velocidad del cambio en nuestra sociedad. Sólo digo que la velocidad del cambio está fundamentada en el cambio generacional, y que si las generaciones no se enfrentan a problemas fundamentalmente distintos, de manera fundamentalmente distinta... si el entorno no cambia, entonces es improbable el cambio, en sentido positivo o negativo. Afortunadamente, el dinamismo de la sociedad mundial actual es mayor, probablemente, del que se ha vivido nunca. Y no hemos de olvidarlo nunca. Podemos desarrollar más desigualdad, podemos seguir estando enfrentados, podemos hacer más idioteces cada día... pero no hemos de perder de vida la sensación de que, como sociedad, estamos mejor. Si no es el caso... hay que plantearse cambiar.
Hasta aquí planteadas someramente las dificultades en cambiar una sociedad que depende de su configuración actual. Cualquier cambio fundamental se presenta casi como una amenaza al orden establecido. La democracia era, en su momento, una revolución. ¿Cómo los ricos y poderosos iban a dejar el gobierno en manos de los pobres y mentecatos? Pues... porque esos pobres y mentecatos lucharon por ello, y porque no eran tan mentecatos. Pero aún así... lo lograron vía la revolución, con mayor o menor ayuda de la violencia. Lo que tiene que ser, tiene que ser.
Pero... ¿podríamos plantearnos un cambio social realmente revolucionario? ¿Algo realmente radical? El caso más cercano es el de América. Inicialmente tutelados por Inglaterra, América aprendió rápido, se dotó de instrumentos que facilitaron todo muy rápidamente (comercio, medios de comunicación, libertad de expresión, dialéctica, grupos de presión... y un ideario revolucionario)... y acabaron con la democracia más sólida (quizá después de la inglesa, aunque esta mantiene un equilibrio con el pasado que es difícil lograr en otros países). América pudo cambiar radicalmente porque estaba aislada del resto del mundo (alejada, más bien), porque tenía una clase educada y ambiciosa, a la par que económicamente poderosa... porque los poderes fácticos no tenían tanta presencia como en Europa, y porque la población inmigrante no era indiferente a las promesas de los revolucionarios (al contrario que en Europa, donde varias revoluciones fallidas favorecían que las clases más desfavorecidas hiciesen causa común con el status quo, en lugar de arriesgarse por modelos que les daban más... si ganaban).
Ahora imaginemos qué necesitamos para dar un salto adelante en la organización. Para montar una sociedad nueva, indepentediente del pasado... y mejor. Lo primero es un aislamiento. No puede haber referencias fundamentales ya marcadas de los estilos anteriores de organización. Lo segundo, orientación. No se trata de empezar de nuevo (y quizá, cometer los mismos errores o seguir el mismo camino). Se trata de hacer un camino nuevo, y para ello hay que conocer los caminos a no seguir y una orientación de caminos nuevos. Lo tercero, una capacidad. Una capacidad que requiere una formación, una serie de medios y una ambición.
Tenemos, probablemente, la formación y los medios. Pero... ¿tenemos la ambición?
¿Y la ocasión?
Algunos grupos han intentado formar grupos sociales aislados... con los riesgos que eso suponen. Incluso existen películas al respecto... la mayor parte, fracasos calamitosos con fin trágico. Pero la necesidad hace la virtud. Yo estaba pensando en una refundación post-traumática o bien en una colonia... probablemente en otro planeta.
Siendo honestos... teniendo en cuenta el coste que supone, aparentemente, una colonia en otro planeta, es difícil pensar que los poderes colonizadores renunciasen al dominio de la colonia. Sencillamente, las colonias tendrían un objetivo fundamentalmente económico... y no como una forma social nueva. O quizá sí habría un Mayflower... pero no lo vemos solo. ¿Y como refundación... después de un cataclismo o un colapso de la sociedad actual? Pues es posible... pero en ese caso las referencias al pasado serían muy difíciles de evitar. Habría que "eliminar" a las sociedades que conocieron el pasado. Habría que asegurarse de que los poderes "nuevos" tuviesen el máximo poder y las mínimas referencias al pasado. Probablemente gente joven... pero al mismo tiempo, gente lo bastante sabia como para dejarse aconsejar por gente mayor, para no repetir errores, insisto.
El caso es... que sería difícil renunciar a los modelos conocidos de sociedad. Renunciar, quién sabe, a la familia. ¿Podríamos? Lo bueno de la familia es que resulta "natural". En todo el mundo, incluso en las sociedades aisladas, el concepto de familia tiene sentido. Un sentido natural. Es evidente como organización social básica primaria. Luego la tribu, luego lo que tenga que venir.
Tenemos el ejemplo ambicioso del comunismo. Con su énfasis en la formación, en la comunalización, en la organización colectiva... quizá trascendió como ningún otro modelo el concepto social más allá de la familia. Pero... por diversos motivos... no parece que funcionase. Creo que no se llegó a profundizar lo suficiente en el impacto social que tuvo. Después de 70 años de comunismo... ¿cambió significativamente la sociedad? Los últimos 20 años de post-comunismo parecen indicar una vuelta radical al pasado: la familia, la religión, el nacionalismo. Es como si hubiese prisa por recuperar los modelos del pasado... que, después de todo, han sido bastante válidos en todo el mundo... si bien la radicalidad en el regreso en Rusia (y quizá también China) parecen indicar que tienen prisa por deshacer el camino andado y rehacer el camino hecho por las otras nacionalidades. Es decir, han renunciado completamente, parece, a los postulados comunistas y a todo lo que tenga que ver con el oomunismo. Seguro que hay elementos que se han colado... pero no tengo visibilidad sobre ellos.
No hemos de dudar de lo mucho que se aprendió, socialmente, con el experimento del comunismo. Se aprendió mucho sobre el individuo y sobre su organización. Sobre su manipulación, cabría incluso decir. Y... no hemos de pensar que ese conocimiento se vaya a olvidar. Una sociedad maldita es posible, y plausible. Y el progreso tecnológico no lo hace más difícil, necesariamente. Los liberales resumieron en una frase... "para que triunfe el mal, basta con que los hombres buenos no hagan nada". Es decir, la maldad tiene su inercia, y hay que luchar contra ella día a día. Pero esa lucha no puede basarse en la autocomplacencia con el sistema actual. Hay que llevarlo más allá... y quizá superar el sistema actual, pueda requerir, en su momento, renunciar en gran medida al pasado y a las estructuras actuales... y arriesgarse a modelos distintos. ¿Seremos capaces? ¿Lo queremos realmente?
Yo creo que yo no lo veré. Pero me gusta pensar que no somos tan limitados como para estar condenados a un único sistema, el actual.