miércoles, 20 de febrero de 2013

Asqueado

Estoy asqueado.

No de las cosas privadas, sino de la cosa pública. Asqueado de las noticias, de la forma como se cuentan, de la poca información útil que proporcionan los medios de comunicación, de la poca credibilidad que me merece la política... de la poca vergüenza de todos los actores de la cosa pública, de la poca capacidad de cambio de nuestra sociedad con respecto a ese poder.

Ya no quiero oír noticias, ni comentarios, ni saber nada al respecto. Bastantes problemas tengo en mi vida privada, como para andar poniéndome de peor humor a raíz de la lectura de las cosas, malditas, que pasan en el ámbito público.

Y eso tiene algo muy malo... y es que cada vez me interesa menos todo eso. Y recordemos... que el españolito medio, yo incluido, paga entre un 20 y un 50% de sus ingresos en mantener esa cosa pública, y en obtener un resultado de ello en forma de servicios, seguridad, limpieza de la vía pública, etc, etc... y no puede uno asquearse de lo que pasa con esa porción, nada desdeñable, de sus ingresos, que finalmente son una compensación por el esfuerzo de su trabajo.

Tengo muchos amigos que ya hace muchos, muchos años, que llegaron a esa conclusión... y ya no leían periódicos ni les importaba nada. Y eran conscientes de que no era la "mejor" opción... pero para ellos, para su salud, era lo mejor. Se acabaron las discusiones ideológicas en pro de unos y otros, a voz en pecho, a veces dialécticamente violentas, casi siempre estériles, y normalmente poco instructivas y carentes de datos de sustento, y siempre carentes de acciones. Ellos eran los callados. Los que escuchaban, pero no atendían... y se sonreían, casi, pensando en la cantidad de energía malgastada en esas discusiones. Ellos nunca se sulfuraban. Ni opinaban en favor o en contra... ellos se sentían fuera de todo aquello. Resignados, porque pagaban igual que todos... pero al menos se ahorraban la futilidad de la discusión. Yo siempre les reprochaba que el desinterés es el inicio de la rendición... y que no hay problema que puedas resolver si no te involucras.

Y ahora resulta que me estoy convirtiendo en uno de ellos. No sé si es una evolución, si es algo inteligente... o si es una rendición. No pierdo el interés en que las cosas se hagan bien, pero pierdo la emoción sobre ello. La esperanza de que sintiendo indignación generaré movimiento. Pero no lo haré. No mientras no me meta directamente en ello. No creo en las manifestaciones... me parecería mejor hacer algo de bullying a un diputado o a un conseller... o tomar un café con alguno de ellos y exponerle mis ideas y percepciones. O hacerlo con un periodista... o mejor, un director de periódico... Eso me parecería más útil, pero no estoy por la labor. No es mi labor... aunque debería ser la de todos.

Por un lado vivo más tranquilo. No pierdo el tiempo en enfurecerme por lo mal que se hacen las cosas (que no es lo mismo que lo mal que están las cosas... porque estar donde estamos es en gran medida por nuestra responsabilidad, y más por la de aquellos que tienen más poder y más capacidad). Sin embargo... no puedo evitar violentarme si me hacen tragar cierta información. La acción requiere delimitar el bien del mal, el blanco del negro... Sin medias tintas. Con criterio, con decisión, y con contundencia. No hay tiempo para la deliberación o la negociación... cuyo tiempo ya pasó cuando las posturas no buscaron tierra común (common ground), sino más separación ideológica y cultural. Estamos más separados que nunca de nuestros políticos, de nuestros poderes... y de nuestros vecinos. ¡Qué desesperación! Ya no me apetece ser tolerante. Ser comprensivo. Escuchar al ladrón justificarse. Ver al criminal escaparse... y al juez o fiscal dejarlo ir. Si un día me cruzo con uno que estuviese en apuros... me pregunto si me pararía a ayudarlo. Por supuesto, la probabilidad de que se dé una situación en la que tenga certeza que es un criminal y de que esté en apuros y de que yo esté en posición de ayudarle... es ínfima... pero ahora mismo, hoy... creo que mejor le iría si no se cruzase conmigo. Porque hoy estoy asqueado. Y es un hoy atemporal... que no acaba esta noche, ni se inició esta mañana. Es un hoy que engloba un tiempo y un estado emocional... Y da un poco de miedo pensar así... pero tolerar la injusticia nos hace injustos. Tan injusto fue tolerar antes... como ser moderado después. Me acuerdo de la película Dogville, terrible, perturbadora, reveladora... y me asusta convertirme en la protagonista Grace Margaret Mulligan.