sábado, 23 de agosto de 2014

Celos... esos malditos celos


Hay que reconocerle al profesor Punset su trabajo de conciliación entre el mundo de la racionalidad y el mundo de las emociones, desde un enfoque mucho más científico, planteando cuestiones interesantes y prácticas, alejadas de teorías y constructivismos sin demostración.

En esto de la conciliación me viene a la mente el caso de los celos. No soy celoso, por convicción racional. Asumo que las relaciones tienen un componente emocional, por supuesto, pero me niego, racionalmente, a que las emociones dominen mis sentimientos. Así pues... considero los celos como una herencia de tiempos en los que la razón no era nuestra guía, y quizá incluso ni siquiera nuestro mejor aliado en la supervivencia, al menos en lo que a mujeres (o parejas) se refiere.

Independientemente de mi decisión, lo cierto es que los celos están y se presentan, contra la voluntad y la racionalidad de uno... pero ahí están. Afortunadamente, son controlables, pero estar, están... y se pueden sublimar, se pueden ignorar y se pueden asfixiar en un montón de razones, todas buenas... pero cuando menos te lo esperas... te asaltan esos pensamientos, esas angustias, esa desazón... y te amargan, aunque sea sólo por un rato, la existencia.

No tengo muy claro cuál es la función fisiológica de los celos, pero sí que es un fenómeno muy extendido, y que en algunos individuos, controlan sus reacciones hasta extremos impensables para los que nos consideramos racionales.