miércoles, 25 de septiembre de 2013

Hoy he visto un accidente

Ha sido uno de esos tontos, que suceden en un momento de amuermamiento general del tráfico.

Lo he visto por el retrovisor, porque por algún motivo me ha dado por mirar. Ha sido en un estrechamiento de la N-II, entre Mataró y Llavaneras, justo antes de pasar a ser un carril. El 4x4 que iba detrás mío ha iniciado un inesperado giro de 90º, supongo que para atravesar el carril contrario y meterse en alguna pista que sube hacia las colinas. No ha puesto el intermitente, cosa también normal, puesto que creo que no es un giro permitido y hay doble línea continua, pero supongo que al estar prácticamente parados, el conductor no ha querido llegar a la siguiente rotonda, a unos 200 metros, para dar la vuelta. En ese momento una moto que iba a adelantarle por la izquierda ha colisionado con el lateral del coche y el piloto ha salido disparado, ha dado una vuelta y media en el aire y ha caído, prácticamente de rodillas. Ha generado un ruido importante, que ha roto la letanía del momento, ahora, al atardecer. He visto que el piloto se ha intentado incorporar, con lo que aparte de algunas magulladuras y alguna contusión, no preveo que tenga nada grave, aparte del susto.

Lo que me da que pensar es que si yo hubiese sido el conductor del 4x4, y hubiese querido hacer esa maniobra... tampoco hubiese mirado si venía una moto (porque ya estaba en un único carril, o prácticamente). Habría mirado, si acaso, para asegurarme de que no hubiese policía cerca... pero no por una moto que andaba adelantando. No me cabe duda de que la responsabilidad es del 4x4 por su giro inesperado, pero pienso que ha sido un accidente muy difícil de evitar. Creo que el giro hubiese sido permitido (cosa que no descarto)... y lo hubiese indicado con el intermitente, el accidente probablemente habría sucedido igual... porque no se mira el retrovisor cuando estás en un carril único, porque, aunque lo hagan, las motos se la juegan con esos adelantamientos.

En cualquier caso, me ha invadido una fuerte pesadumbre. No he detenido el coche. Varias personas han salido y ya estaban atendiendo al piloto de la moto y llamando a alguna ambulancia o el 112 o la policía.
El piloto del 4x4 me ha dejado adelantar unos metros antes, y hasta me ha esperado para que lo hiciese. Parecía una buena persona, probablemente padre de familia... aunque es cierto que su movimiento ha sido muy brusco, y que la posición del coche ni siquiera anticipaba ese giro insospechado. Y le ha tocado... y peor, le ha tocado al motociclista, que por fortuna no iba muy deprisa, pero que no creo que coja la moto en un tiempo. En cualquier caso, me ha entristecido y sobre todo, me ha hecho pensar en que a veces, toca... y es muy difícil de prever. Y que hoy he estado cerca. No sé cuántos accidentes, cuántos muertos y heridos ve una persona a lo largo de su vida, pero me da la sensación de que son demasiados.

viernes, 20 de septiembre de 2013

Del cambio climático y el momento de hacer las inversiones




Acabo de leer un artículo que viene a decir que el alarmismo sobre el cambio climático se está moderando. En otras palabras, que no es para tanto y, sobre todo, que la influencia del hombre es relativa. En general, yo no soy partidario de los ecologistas por cuanto les he visto manipulando la realidad demasiadas veces. Por otro lado, creo que sí soy partidario de un concepto más ecológico de la relación hombre-Naturaleza. Creo en la racionalización del consumo, en el reciclaje, en las energías alternativas y en general en dejar el planeta, en la medida de lo posible, mejor que las generaciones anteriores. Es cuestión de hacerlo una prioridad, pero para ello hay que informar más y mejor, educar más y mejor (no como ahora, que los ecologistas parecen una panda de inútiles con comportamientos individuales estúpidos, sin impacto alguno a efectos globales y sin comprensión de cómo funciona la economía). Lo cierto es que se puede cambiar el modelo actual, y no tiene por qué ser ineficiente. Pero sí es seguro que cambiará las fuentes de poder, y ahí radica el mayor problema.

Esa introducción viene a cuento de que, en un entorno de petróleo caro, toda alternativa es mejor. Y el petróleo seguirá subiendo, sea por inestabilidades, sea por otros motivos. El tema es que económicamente el precio y la rentabilidad de las cosas depende de varios factores, demasiados de ellos ajenos a la lógica. Es decir… si mañana se encuentra un pozo inmenso de petróleo, el precio baja… y eso hace más factible las opciones actuales que las alternativas. Es un retraso. Lo lógico sería ir apostando, aun a costa de perder dinero a corto plazo, en, sobre todo, no dependencia del petróleo. Eso lo hicieron en gran medida las economías occidentales  en los años 70, y con una población más o menos estabilizada, los consumos son mucho menores que antaño. Pero siempre hay que contar con que esos poderes que manejan el petróleo no tendrán particular interés en ir rápido en el cambio. Si miramos España… su apuesta fue decidida y sólida… aunque se ha quedado en agua de borrajas. ¿De veras? Bueno… no, en realidad lo que ha pasado es que nos ha coincidido con un bajón enorme del consumo, más un cártel eléctrico que ha buscado, como el petrolero, mantener su posición dominante en lugar de dejar que se abra el mercado, con la bajada de precios que ello supondría. La falta de transparencia es perfecta para tomar decisiones equivocadas…s i es que el objetivo es tener energía barata, limpia y sostenible. El caso es que esa apuesta tenía sentido, y seguirá teniéndolo en el futuro, pero como la hemos dejado de lado… por su aparente falta de rentabilidad (subvencionada, más tarifas reguladas). Pero tendrá sentido, y más cuanto más rápido pasemos al coche eléctrico… pero si las tarifas se mantienen tan altas, y resulta tan difícil acceder al mercado siendo productor (instalándose paneles, o molinos), no se dan los incentivos apropiados.

Se nota que no es el pais el que controla el momentum. Y el momento, en temas económicos, es fundamental. Comprar barato, vender caro. Entender cuáles son las proyecciones de consumo, quién tendrá acceso a las fuentes y qué evoluciones tecnológicas cambian las reglas del mercado. Efectivamente, es imposible predecir la innovación tecnológica… cuándo y cómo se producirá… pero está claro que si no se invierte en ella, no se dará. En el caso de las renovables, los paneles solares, por ejemplo, tienen racionalidad económica a partir de los 20 años en muchos casos (estoy generalizando, pero me suena haber visto algo así no hace tanto). No obstante, la mejora tecnológica de la eficiencia de los paneles hace que, probablemente, a medio plazo (10-15 años) sea más rentable sustituir esos paneles ineficientes por nuevos, más eficientes… pero claro, eso altera la rentabilidad de los proyectos inciales, y, más importante, los huertos solares no se dan en todas partes. Hay zonas más ideales que otras… y en ese caso ocupar el puesto de privilegio es importante para decidir.

El punto que quería indicar es que el gobierno haría bien en trabajar más en quitar las barreras ficticias que manejan esos mercados y en incentivar una inversión segura (que no es lo mismo que garantizada), mediante una mayor transparencia. Si el petróleo sube, el capital ha de fluir sin pensar que cuando baje (si es que baja) habrá hecho una mala inversión. También ha de permitir que haya más iniciativa privada para acceder al autoconsumo. Ya vale de cárteles en España, hay más madurez económica de lo que se piensan esos listillos del poder, que no son más que una panda de aprovechados que nunca han creído en la economía de mercado.

martes, 3 de septiembre de 2013

¡¡Bellezones a limpiar!!



Me pregunto si soy el único que piensa que las chicas que hacen la limpieza de las calles de Barcelona tienen, necesariamente, que haber pasado un muy estricto test de … belleza. ¿Pero es normal que vayan todas con una melenaza al viento estupendísima? ¿Qué estén todas bien torneadas, sonrientes y maquilladas? ¿Es requisito imprescindible?

Pues no lo sé, pero es algo que me he percibido de forma repetida, en toda el área de Barcelona, y me llama muchísimo la atención, porque no es algo que pase en todas las profesiones, y menos en puestos de carácter público o semi-público. Ó quizá es política de empresa que sean las jóvenes las que estén limpiando en la calle a las horas más normales, donde se las verá más. O que sólo contratan gente joven… pero no, porque también hay mujeres y hombres mayores, y al menos las mujeres, independientemente de la edad, van bastante arregladas.

Digo yo, que en un tipo de trabajo que involucra, probablemente, lidiar con cosas sucias, recoger porquería, meterse entre containers, exponerse a olores indeseables… uno podría plantearse que ir con el pelo recogido y protegido sería la mejor manera de preservar la salud y prestancia de nuestro cabello… o incluso cortarlo. Pues no… todas con sus estupendas melenas expuestas a las inclemencias de su trabajo.

¿De verdad soy el único que se ha dado cuenta? ¿Es casual? ¿Es posible que sea casual? ¿Qué motivo se me escapa?

Del Riesgo



En Occidente, y como aún hoy élite y referencia mundial, en el resto del mundo, el riesgo es objeto de minimización. En las inversiones, en las decisiones vitales… intentamos eliminar el riesgo de equivocarnos. Queremos inversiones seguras, aunque sea a costa de un menor beneficio. O, peor… delegamos en gente sin escrúpulos para que nos gestionen los negocios, para que corran ellos el riesgo. En las parejas, lo mismo. En las compras importantes. En las instituciones educativas… queremos que tengan una reputación y un sistema que nos garantice, de alguna manera, que nuestros vástagos tendrán todas las cartas para tener éxito en su carrera. Y como sociedad, ¿qué proyectos de riesgo tomamos? El gobiernos está maniatado en muchos casos, con buena parte de la dotación económica ya comprometida en proyectos del gobierno anterior o en el aparato del Estado, de difícil maleabilidad. ¿Y proyectos de futuro? Pues, si los hay en España, son raramente difundidos, y con la facilidad con la que reducimos nuestras inversiones en I+D+i, creo que está claro que no es nuestra apuesta.

En las sociedades primitivas el paso a la edad adulta se completaba sólo tras completar algunos retos, que necesariamente conllevaban un riesgo, y que requerían la puesta en marcha de habilidades aprendidas y la demostración de madurez y criterio para tomar decisiones de trascendencia. Esas pruebas podían ser físicas, pero muchas veces eran pruebas de carácter. Cazar un depredador, hacer un viaje solitario y peligroso para traer algo para la tribu, realizar alguna misión en algún pais extranjero, o gestionar una empresa nueva que entrañaba, sin duda alguna, riesgos para un novel.

Hoy en día, ¿qué riesgos tomamos? Prácticamente, podríamos reducir las decisiones trascendentes a un puñado:  qué estudiamos, con quién nos comprometemos, qué tipo de persona queremos ser, dónde vivimos, dónde trabajamos, qué inversiones hacemos (casa, coche, etc), cuántos hijos tenemos, cómo y dónde los educamos, cómo tratamos a nuestros antecesores… y… ¿qué más? ¿si hacemos o no ejercicio? ¿hacer el camino de Santiago? ¿montar una empresa?. Otro puñado, pero poco más. Y en esas decisiones, de trascendencia a largo plazo en nuestra vida… ¿cuánto riesgo tomamos? No es que necesariamente hayan de ser decisiones arriesgadas, pero puesto que tienen implicaciones para todo lo demás, es importante tomarlas a conciencia.

Cuando nuestros mayores se quejan, con razón, de la falta de madurez de las nuevas generaciones, es porque asumimos menos decisiones trascendentales, menos compromisos de largo plazo, que antes. Antes la gente se casaba y tenía hijos con veintitantos. Ahora con treinta, con suerte. Antes la gente se emparejaba con una persona y apostaba por ella. Ahora se está, un rato, se convive incluso, a ratos, y al cabo de cinco años se decide que no es algo para toda la vida. No se apuesta por nadie, no se corren riesgos.

Una prueba de amor es cuando la familia tiene que desplazarse por el trabajo de uno de los dos. Parece una tontería, pero no lo es. Antes de casarnos deberíamos preguntarnos si estaríamos dispuestos a sacrificarnos, llegado el caso, por seguir a nuestra pareja. Decidir cuánto más tendría que ganar ella o qué tan bueno para su carrera iba a ser (y qué tan malo para la nuestra, si es que es malo) para determinar si nos apuntamos o no. Pocos lo hacen, porque esperan a que las circunstancias decidan por ellos, pero en realidad podrían decidir antes. Mucho antes.  Aunque a veces, claro, es mejor no poner a prueba las relaciones, no vayan a romperse. Gratuitamente, no. 

Volviendo a los riesgos, hemos perdido el hábito de tomar decisiones de riesgo, sean trascendentes o no. Gracias a ello, morimos menos por accidentes tontos. Y gracias a ello también, tenemos un montón de tontos en la sociedad, no digo que hubiesen de morir, sino que sin el apoyo de la sociedad, no sobrevivirían.
¿No resulta curioso que los deportes de riesgo tengan tantos adeptos, y que no dejen de crecer? ¿qué significa exactamente? ¿adicción a la adrenalina… búsqueda de emociones fuertes… o necesidad de ponernos en el límite, de retarnos, y salir airosos, con energía y confianza renovadas… en lugar de vivir en un montón de decisiones banales y futiles? 

Y eso que esos deportes no suelen tener objetivos necesarios o socialmente valiosos, por los que merecería la pena arriesgar. No, se practican por la necesidad de algunos de arriesgarse. De liberarse, quizá, de esa mordaza de beneficios que nos aporta el no asumir riesgos. Beneficios pobres, pero seguros.

No risk, no glory, dicen los anglosajones. No todos quieren la gloria, ni todos pueden tenerla, pero desde luego no llega sin riesgo, y como sociedad, cuantos menos riesgos esté dispuesta a asumir una sociedad, menor será el valor del beneficio que consiga.