Con los atentados de París, y por mi exposición a personas muy diversas, he encontrado, por un lado, la versión más o menos oficial del ataque terrorista, y de la postura que hay que poner, que es la de combatir violentamente la amenaza del ISIS, aquí y en sus feudos. Un poco la repetición de la reacción post 11-M.
Por otro lado, he visto mucha gente en las redes sociales relativizando el ataque. Es decir, pidiendo solidaridad no sólo con los franceses muertos sino con todos los muertos por el terrorismo mundial, y poco menos que tachando de hipócrita a toda la sociedad occidental por la manipulación que supone el lanzarse a atacar sólo ahora que hemos sido atacados nosotros (vamos a poner a la UE en el mismo saco, por una vez), y también ahora que la crisis migratoria empieza a tener visos de verdadero cambio demográfico, con fuertes efectos en todos los estamentos: económico, social, legal, moral, religioso, etc... por un puro efecto de desplazamiento de la población. Ni que fuera la primera vez en la historia.
Personalmente creo que esto tendría que haberse atajado mucho antes, y mucho más violentamente, pero también entiendo que a Occidente no le está permitido, por sus regímenes democráticos, organizar misiones militares que no tienen que ver ni con nuestros intereses ni con la paz mundial. Después de todo, la mitad de las armas del ISIS provienen de los arsenales iraquís financiados en su momento por Estados Unidos. Si es que ser grande y poderoso no te hace infalible.
Mi interés aquí está en fijarse cómo una movilización de la sociedad en pos de un objetivo aparentemente ajeno a ella (la estabilidad de Oriente Medio) implica la magnificación de ciertos hechos (los atentados de París) y la atenuación de ciertos otros (la guerra en Siria, por ejemplo, no tiene el nivel de cobertura de entendimiento que debería, para comprender las implicaciones de estar o no en el conflicto y de los beneficios y riesgos de una y otra opción). En otras palabras... si ISIS se hace con el control de Iraq y Siria, se convierte en una potencia militar en la región, más peligrosa de lo que fue en su momento Saddam. Convendría analizar en profundidad cómo una amenaza tal surge y llega a tener la entidad de "Estado" o al menos de organización con semejante nivel de poder. La derrota del ejército iraquí a manos de los, en su momento, rebeldes del ISIS no ha sido lo suficientemente explicada, ni sus consecuencias transmitidas a la opinión pública. En cambio, parece que en el mundo musulmán radical (digamos, el mundo radical entre las poblaciones motivadas por las consignas que mueven al ISIS), hay más información y más motivación, tanto es así que la gente está dispuesta a ir a la guerra a un país lejano... cuando hace dos días su mayor preocupación era su futuro profesional... que era poco prometedor. Total, que de nuevo es una cuestión de educación y comunicación. Probablemente se esté haciendo mucho en Siria, en Iraq o Afghanistán, en Turquía... para aleccionar sobre lo importante que es no radicalizarse... y sin embargo, parece que cada día haya más radicales, y muchos venidos de Occidente (el colmo)... pero los medios de aquí no parecen estar poniendo el foco en lo que se está haciendo... sino en lo que están haciendo los enemigos. No se está midiendo el conflicto, ni informando.
Tal parece que la sociedad occidental se mueve a base de impulsos emocionales creados por shocks... diríase que desde Pearl Harbour... pero si estudiamos los principios de todos los conflictos de las democracias (y no tan democracias), siempre hay detonantes: Pearl Harbour, el acorazado Potenkin, el incidente en la frontera con Polonia pre-invasión alemana, el 11-M... Y la verdad, es un poco patético. Porque deberíamos ser capaces de movilizar los conflictos (o las soluciones a los mismos) antes de que supusiesen un verdadero problema. Supongo que eso está mal visto, que suena a Realpolitik de salón, a manipulación por parte de las "potencias"... pero es que es así como se salvarían más vidas. Claro que, ¿desde cuándo las vidas salvadas cuentan en el haber de los políticos? Cosas como prepararse para la guerra (haciendo armas más efectivas que acorten los conflictos y que aseguren la victoria o deterren al enemigo) están mal vistas en tiempos de paz. Parece que nos hayan de coger con los calzones bajados para que estemos realmente motivados para atajar el problema (el problema es la seguridad mundial). Supongo que la humanidad aprende más lentamente... aunque no tengo claro si son nuestros políticos o nuestros ciudadanos los que no acaban de aprender. Por eso entiendo a los que se oponen a las movilizaciones emocionales... pero también creo que ellos no entienden que esa movilización, a estas alturas, es necesaria... y ellos se oponen tanto a la preventiva como a la emocional, con lo que efectivamente se ponen del lado enemigo, en términos de realpolitik. Es como si para ellos el origen del mal fuesen los gobiernos hipócritas occidentales, que alientan a organizaciones como el ISIS con su comportamiento imperialista. Si es que casi me río de usar sus mismas palabras. Y seguramente que en muchas cosas tengan razón, y Occidente es muchas cosas menos inocente. Pero culpable, en mi opinión, tampoco es. Así que acabará siendo una cuestión de unos contra otros... y que gane el mejor.
Una recopilación de pensamientos en momentos determinados. Reflexiones personales sobre los temas más diversos, que creo pueden ser compartidas y comentadas. Si te hacen pensar un poco, han cumplido la función.
domingo, 22 de noviembre de 2015
sábado, 14 de noviembre de 2015
Un momento curioso, entre una madre y su hijo.
Hoy, en el camino a la piscina, me he cruzado con una madre y su hijo. Ambos poco agraciados y sin un aire particularmente sano, de ojos saltones ambos. Andaban como andan las parejas madre e hijo, ella intentando marcar un ritmo y él yendo a su propio ritmo, distraido. El caso es que a medida que me acercaba a ellos, él canturreaba mirando hacia arriba a su derecha, ajeno a su madre, algo así como "tengo la mejor mamá del mundo", pero sin ganas y sin mirar a nada en particular, mientras que ella, que sin duda lo oía, no reaccionaba en absoluto. A mí me ha arrancado una sonrisa el gesto tierno de su hijo, porque aunque lo cantaba, no parecía dirigirse a nadie en particular, ni siquiera a su madre, y esta no parecía estar siendo nada receptiva al gesto de su hijo. Tampoco parecía enfadada o preocupada o contenta... sencillamente, seguía su camino.
No sé si lo había escuchado muchas veces, o si el desinterés con el que el niño lo cantaba le quitaba impacto al mensaje, o si algún motivo oculto la hacía inmune al mismo... pero a mí me ha parecido lo más divertido del día.
Los atentados de París requieren una respuesta
En Europa hemos sufrido guerras constantes desde que tenemos historia, y probablemente desde mucho antes. Pero con las últimas parece que aprendimos la lección, y pese a convivir con la amenaza de la guerra fría, hemos creado instituciones y un ambiente de entendimiento y progreso que han permitido y un largo y próspero período de paz, al menos internamente, pero también en gran medida, Europa ha limitado sus conflictos con otros países (excepciones las de Suez, , Indochina, Malvinas, Yugoslavia o Iraq, pero la mayoría como consecuencia de ofensivas externas y no como parte evidente de la geopolítica europea).
Y eso ha propiciado una cierta aversión al conflicto. Y lo llamamos civilización. Pero siempre cuesta, cuando uno se centra en organizar su casa, pensar que los demás están haciendo lo mismo (aunque aparentemente lo hagan peor) parece lo más natural. Pero cuando lo que están pensando es en destruir ese orden y progreso que te has creado... hay que defenderlo... porque la razón no prevalece frente a la barbarie por la vía del ejemplo. Porque la barbarie es eso... precisamente, carencia de razón. Y a la barbarie se la combate con Educación, cuando es posible, pero también con la fuerza. No hacerlo, y no hacerlo a tiempo, puede suponer el triunfo de la barbarie. Los imperios, aunque los solemos asociar con la corrupción y el abuso de poder (o la opresión), aportan un elemento fundamental que los justifica: orden y estabilidad. Y los imperios pueden caer por dos motivos: por debilidad interna o por presiones externas (de otro imperio, generalmente). El orden mundial actual, que tan bien nos parece en Occidente y que, desde luego, también reporta beneficios al resto del mundo, no es gratuito. Es el fruto de muchas guerras, muchos esfuerzos y muchas concesiones.
Por eso cuando sucede lo que ha pasado esta noche en París, cuando se ataca a ese orden que nos hemos dado, a su corazón, a su parte más débil (civiles, desarmados)... no cabe otra que reaccionar enérgicamente, si es que somos leales con el esfuerzo conseguido.
En este caso, además, no caben debates estériles sobre entendimiento de civilizaciones o doctrinas religiosas. Se trata de un acto de barbarie que debe ser respondido con toda contundencia e intención. Debe acabarse con esa amenaza, que no hace espacio para algo mejor, ni lucha contra la opresión... sino que es sencillamente un ejercicio de poder desbocado (porque matar es fácil, es impactante y es definitivo). Luchar contra estos terroristas es luchar contra el caos, contra la muerte y la destrucción, sinsentido y con maldad.
Espero, aunque no albergo grandes esperanzas, que los estados occidentales se planteen más seriamente acabar con los perpetradores de esta barbarie, aquí en la seguridad de Europa o en los confines de la Tierra. Ya no es sólo porque allí esa gentuza mata y destruye impunemente (y de ahí sale la ola migratoria, que huye de esa barbarie), sino porque nos amenaza en nuestra casa.
Y eso ha propiciado una cierta aversión al conflicto. Y lo llamamos civilización. Pero siempre cuesta, cuando uno se centra en organizar su casa, pensar que los demás están haciendo lo mismo (aunque aparentemente lo hagan peor) parece lo más natural. Pero cuando lo que están pensando es en destruir ese orden y progreso que te has creado... hay que defenderlo... porque la razón no prevalece frente a la barbarie por la vía del ejemplo. Porque la barbarie es eso... precisamente, carencia de razón. Y a la barbarie se la combate con Educación, cuando es posible, pero también con la fuerza. No hacerlo, y no hacerlo a tiempo, puede suponer el triunfo de la barbarie. Los imperios, aunque los solemos asociar con la corrupción y el abuso de poder (o la opresión), aportan un elemento fundamental que los justifica: orden y estabilidad. Y los imperios pueden caer por dos motivos: por debilidad interna o por presiones externas (de otro imperio, generalmente). El orden mundial actual, que tan bien nos parece en Occidente y que, desde luego, también reporta beneficios al resto del mundo, no es gratuito. Es el fruto de muchas guerras, muchos esfuerzos y muchas concesiones.
Por eso cuando sucede lo que ha pasado esta noche en París, cuando se ataca a ese orden que nos hemos dado, a su corazón, a su parte más débil (civiles, desarmados)... no cabe otra que reaccionar enérgicamente, si es que somos leales con el esfuerzo conseguido.
En este caso, además, no caben debates estériles sobre entendimiento de civilizaciones o doctrinas religiosas. Se trata de un acto de barbarie que debe ser respondido con toda contundencia e intención. Debe acabarse con esa amenaza, que no hace espacio para algo mejor, ni lucha contra la opresión... sino que es sencillamente un ejercicio de poder desbocado (porque matar es fácil, es impactante y es definitivo). Luchar contra estos terroristas es luchar contra el caos, contra la muerte y la destrucción, sinsentido y con maldad.
Espero, aunque no albergo grandes esperanzas, que los estados occidentales se planteen más seriamente acabar con los perpetradores de esta barbarie, aquí en la seguridad de Europa o en los confines de la Tierra. Ya no es sólo porque allí esa gentuza mata y destruye impunemente (y de ahí sale la ola migratoria, que huye de esa barbarie), sino porque nos amenaza en nuestra casa.
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