miércoles, 8 de febrero de 2012

Un poco de belleza

Hoy he ido a la exposición de arte temporal del Caixaforum en Barcelona... en la sala 4, creo que era, sobre la colección impresionista de Clark. Los Clark fueron un matrimonio rico, heredero él de una gran fortuna (aparentemente un antecesor familiar había sido uno de los socios de la empresa de máquinas de coser Singer), que se dedicó a coleccionar... especialmente impresionistas, hasta un total de 300 obras.

En la exposición sólo había una selección, pero era de lo más interesante. La exposición me ha parecido impecable. No había demasiadas salas... ni cuadros... pero era perfecto para una visita de las que me gustan. Corta pero intensa, y que al salir no tengas los sentidos abotorgados de tante belleza. Y eso que belleza, había y mucha.

No soy muy fan de las exposiciones, pero porque hay mucha paja entre el trigo. Pero tengo que reconocer que esta me ha gustado mucho y la recomiendo encarecidamente. Lástima que cierra al final de esta semana. De todas formas, recomiendo su ubicación permanente... en Estados Unidos (en Williamstown, al oeste de Pennsylvania). Lamento no haber oído hablar de ella antes... (especialmente cuando estuve precisamente en ese estado hace unos años y no tenía ni idea de que ese museo tuviese tanta riqueza).

El caso es... que uno sale contento de un lugar bonito (el edificio de Caixaforum también tiene su aquel), con contenido bonito y notable (es una selección... bien hecha, con calidad por todas partes... sin mediocridad por ninguna parte).

Creo que lo he comentado en alguna parte... pero definitivamente un símbolo de que una sociedad está progresando es cuando produce cosas bonitas. La belleza es algo bastante universal. Tiene interpretaciones y versiones... pero la gente educada suele apreciar la belleza provenga de donde provenga... y también es un camino de reconocimiento. Producir cosas bonitas significa poner un esfuerzo en hacer que las cosas sean mejores, en esencia. La belleza tiene la virtud de producir placer en quien la contempla... y eso en sí mismo es un valor.

Y viceversa, producir cosas feas no refleja sino falta de voluntad en agradar. La funcionalidad, está demostrado, no está reñida con la belleza. De hecho, al combinación de ambos es para mí un signo de un nivel de inteligencia superior. Y me remito a los orígenes de los estudiosos Renacentistas... que buscaban la armonía en todo lo que hacían: pintura, escultura, arquitectura... y también literatura e ingeniería. Incluso las armas de guerra y las armaduras se decoraban. Y esto parece que es algo común en la mayor parte de las sociedades...

Una cosa detestable de los países pobres es la falta de belleza en la presencia humana. Las construcciones, las ciudades, las calles... la verdad... son deprimentes. En cambio, un pequeño pueblecillo o incluso una aldea indígena, puede tener mucha más armonía que esa ciudad nueva, incompleta e incapaz de amalgamar de forma coherente el centro y los guetos, la modernidad y la falta de recursos. Pero tampoco es culpa suya... la belleza es algo que no es prioritario cuando no se tiene que comer, y así tiene que ser. Y si luego la pobreza se convierte en algo endémico, menos aún.

Una cosa más detestable aún es que en los países ricos, que sí pueden permitirse un plus adicional de pensamiento y dedicación de recursos, no produzcan cosas bonitas. La organización es importante para asegurar que la belleza se expanda y sea valorada. Es importante no mezclar lo bello y lo feo... no pensar que son iguales, no darles el mismo estatus...

Si pensamos, lo bonito no tiene por qué ser caro. De hecho, a veces la belleza está en la simplicidad, pero incluso esta requiere pensamiento. Y un poco de orden.

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