jueves, 9 de junio de 2011

Hola... ¿te conoces?

Asociado con la búsqueda de la felicidad está, obviamente... identificar aquello que nos hace felices. Pero... ¿lo sabemos? ¿de verdad todos alcanzamos la felicidad con el modelo social que nos hemos dado? La respuesta es no. No es un mal modelo (consumo, protección, seguridad... aceptación...), pero no es la única alternativa. Y, probablemente... habría modelos más variados con un poco más de autoconocimiento.

Claro que nos conocemos, ¿no? Todos sabemos lo que nos gusta... y cuanto más mayores... más claro lo tenemos. Pero también ciertas cosas que se daban por supuestas se ponen en tela de juicio... o se cambian, directamente. Otras épocas, otros momentos... toca cambiar también el propio ser, y los gustos. Aparte... ¿cómo nos conocemos? ¿en base a los demás?

Si pienso que soy una persona simpática... ¿quién soy yo para decirlo? A lo mejor soy un gilipollas al que los demás sonríen y le ríen las bromas, pero a quien todos critican cuando no estoy delante. Y, será en función de los que hay a tu alrededor... En el mundo de los ciegos, el tuerto es el rey. Pues lo mismo... Por eso mismo las aglomeraciones de gente (digamos, la ciudad) son tan estimulantes... porque se conocen muchos más individuos, existen muchas más posibilidades de encontrar a personas parecidas, o tanto más diferentes... que pueden hacernos sentir mejor (o que nos ayudan a identificar las "áreas de mejora" de nuestra personalidad... o al menos a saber más de nosotros).

La gente que tiene la osadía de autodefinirse... pues, ¿por qué no?... pero que no nos anden contando cómo son... porque los de su alrededor tenemos ojitos. Cuando un empollón me dice que no se lo sabe, cuando todos sabemos que va sobrado, en relación al resto... nos está diciendo, de alguna manera, que su escala es distinta de la de los demás. Lo que a la mayoría "le vale", para él es un "fracaso". No pasa nada. Hay un montón de escalas que escoger. Y ahí vamos llegando al punto fundamental... que finalmente todo es muy relativo... y el conocerse acaba siendo un tema de gustos, y de sentirse bien. Cuando uno se siente bien, se siente a gusto en su piel, en sus decisiones, en su estilo de vida... se puede decir que alcanza cierto grado de madurez y, por qué no, de felicidad. Ha tomado una decisión sobre su forma de ser... y está a gusto con ella. Da igual que no sea la más simpática de la escala... o que las escalas sean distintas... lo que es importante es que se siente simpática. Habría que ver si cambiando radicalmente su entorno, se mantendría ese sentimiento... pero ese es un tema de personalidad. Hay personalidades adaptativas... que se mimetizan con su entorno... y hay personalidades que se definen respecto a sí mismas... y que no cambian, no importa que estén solos en una isla desierta, o en Nueva York, mezclados con una clase de genios o bien rodeados de mezquindad... ellos no se inmutan y mantienen su carácter por encima del entorno.

Hay gente que consigue ser feliz sin importar para nada las circunstancias. Y es fantástico... porque no tenemos tanto control sobre las circunstancias. Pregúntate por un momento, seriamente... si pierdes aquello que has valorado o por lo que has trabajado... ¿te pierdes como persona? Si un día te arruinas, pierdes a tu familia... o pierdes la motivación que te movía (eg: ya no te satisface ganar dinero)... ¿te conviertes en infeliz? Entonces, ¿cuánta de tu felicidad dependía de tu entorno o circunstancias? Hay gente que es feliz con muy poco, y gente muy infeliz teniéndolo todo. Saber lo que le hace a uno feliz... es lo más importante para serlo.

Yo personalmente no creo conocerme demasiado. Conozco lo que considero son mis defectos principales... aunque mis virtudes las relativizo porque parecen depender más de la reacción externa. O quizá sencillamente las doy por seguras... y me centro en lo que es mejorable (vaso medio lleno, vaso medio vacío...). Sé muchas cosas que no quiero, pero sé pocas cosas que quiero. La satisfacción material y sensual me tranquiliza, pero no me motiva demasiado. La consecución de sueños pasa por un filtro que se dedica a desbrozarlos y a valorarlos en base a no sé qué lógica, pero acaban siendo poco realistas o poco estimulantes como objetivos vitales. Quizá tenga algo de temor a conseguir lo que me proponga... y que no me haga feliz. Quizá esas personalidades "conseguidoras" no se paren a pensar... disfrutan consiguiendo cosas, no importa qué... o sí importa, pero poco... y luego miran hacia atrás (de vez en cuando) y se dicen que, viendo todo lo que han conseguido, tienen que ser felices. Seguro que más que los que no hacen nada con su vida. Seguro. Pero no siempre se sienten así. Quizá porque no pasaron bastante tiempo explorando aquello que de verdad les satisfacía, les hacía felices. Eso no significa que no alcancen cierto grado de felicidad... Una cosa es no acertar con lo que te hace feliz, y otra que aquello que haces toda tu vida te haga un infeliz total.

En cualquier caso, el conocerse también es un proceso de prueba y error. No sabes si te gustará hasta que no lo pruebes. Cuantas más cosas probemos, más seguros estaremos de lo que nos gusta, y de lo que no. Ergo... ¡¡a probar, chicos y chicas!!... ¡¡a probar!!

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