En tu carrera profesional, en tu vida personal, en la consecución de cualquier ambición que requiera de la atención o participación de otras personas, el ejercicio de la auto-venta resulta casi imprescindible. Estamos vendiendo algo constantemente: una idea "genial", un trabajo "estupendo", una imagen "impecable", un saber hacer "infalible"... si no vamos calificando nuestro propio esfuerzo, o proyectando lo que queremos que digan o piensen de él... vamos listos en la sociedad actual.
El caso es que todos acabamos "sabiendo vender", porque aplicamos todas las técnicas que esos gurús de la venta tan bien nos venden que necesitamos. Y el caso es que sí... que saber vender es importante para conseguir cosas. Saberse presentar, saber hablar, saber vender aquello que quieras... es importante.
Ahora bien... si todos somos vendedores de nosotros mismos... ¿quién compra? Se supone que sabemos "vender"... pero, ¿sabemos comprar?
Una de las cosas que me enseñaron es a no presumir de lo que no tenía. Quizá fuese un error, pero era consistente con la realidad. ¿Cómo podía tener el rostro de apuntarme un tanto que no era mío? ¿cómo decir que sabía hacer algo que en realidad no sabía? El riesgo era la pérdida de la credibilidad, y con ella, se van muchas más cosas. Pero hete aquí que, en un mundo de vendedores... hay muy pocos compradores educados. E igual que muchos venden tonterías, muy bien envueltas, pero tonterías al fin y al cabo... y las venden mucho y a muy buen precio (caras, se entiende... porque una tontería no da mucho valor)... hay al menos tantos que las compran. ¿Será que son idiotas? ¿O sencillamente, que ven que es una tontería, pero que como todo el mundo anda vendiéndolas, algo de valor tendrán... pero nadie se atreve a gritar a pleno pulmón "pero qué tontería me estás vendiendo!!!". En conclusión, la mentira también vende... sin que haya penalización. Puedes ponerte la medalla, que nadie sabrá ver si es auténtica o de hojalata.
Pues vaya... porque para que el mercado funcione, a mí me enseñaron que tiene que haber agentes racionales (que escogen en base a criterios de racionalidad... es decir, que escogen la mejor calidad al mejor precio) e informados (con información perfecta... es decir, completa... sobre precio y calidad de lo que se ofrece en el mercado). Pues... si todos andan diciendo que el burro moteado es una vaca lechera campeona, y hasta algunos, la mayoría, la compran... sin tener ni idea, y hasta la revenden más cara... y todos vengan a comprar... aunque en su foro interno todos sepan que la vaca es en realidad un burro. Algo parecido, señores, pasa con el mercado inmobiliario (o pasaba... y sigue pasando, puesto que los precios no han bajado). Mientras haya este nivel de estupidez en los compradores, que no tienen criterio... se antoja que los vendedores son los que tienen la sartén por el mango.
Y esto pasa para las casas (indudablemente, mucho más caras de lo que resulta racional... y todo porque la demanda es idiota), y también para juzgar a la gente (en un proceso de reclutamiento, en la selección de pareja... o de amistades), o para determinar lo que es importante y lo que no. Si no tenemos un criterio de compradores, no podemos ir al mercado a que nos vendan milongas. O, mejor dicho... podemos ir a ver, escuchar y aprender... pero no deberíamos comprar sin criterio. Y el criterio, algunos nacen con él (Sentido común), pero también es algo que se puede aprender.
Ya basta de ser tanto vendedor, tanta gente pretendiendo ser lo que no son, vender lo que no vale y pretender hacernos creer que estamos equivocados... que el burro es en realidad una vaca. Encima de que te intentan timar, te llaman idiota a la cara... pero... si no tienes criterio... ¿acaso no tienen razón?
Si el mercado ha de funcionar, habrá que saber venderse, pero también comprar.
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