lunes, 1 de febrero de 2010

libertad y orden, ¿antagónicos?

En la distancia entre el caos y el orden, hay un punto donde la libertad tiene que existir. El orden y la libertad, en el ser humano, suelen tener sus más y sus menos...

Ahora mismo estaba pensando en Madrid y Barcelona. Ambas ciudades grandes, bastante cosmopolitas, aunque con diferencias muy marcadas. El caso es, que hay cosas que se notan... que son difíciles de explicar. El ajetreo de Madrid, más direcciones, menos barreras, cierto desorden en las cosas (tráfico, calles, rótulos y obras)... contra la organización de Barcelona, con su Ensanche, su pasito por delante en la organización de la cosa pública, sus ordenanzas y más ordenanzas y su limpieza general.

Son percepciones, discutibles, y no pienso entrar en más detalle, porque de lo que me interesa hablar es de la sensación de libertad. La libertad se respira, igual que se ejecuta. En una sociedad organizada, más pendiente del orden, uno se pregunta si es una elección o si es una imposición con sentido. Podemos extremar más la cosa, yéndonos a Londres... donde se respira mucha libertad, aunque quizá las normas estén más interiorizadas (la educación hace que la gente sea más ordenada y atenta, y disminuye la sensación de caos).

Cuando nos organizamos, o nos organizan la vida, tendemos a perder libertad. Si es en temas menores y con un beneficio obvio para la mayoría (o todos), aceptamos esa imposición o ese orden. Si empieza a entrar en otras esferas... afecta a nuestra libertad (y también nuestra felicidad). Ya sabemos que se pueden soportar dictaduras, de vidas enteras... así que uno se pregunta en qué medida el deseo de orden superó al deseo de libertad. Que lo hizo, especialmente después de una guerra civil (y de un importante desorden durante la pre-guerra), me parece un hecho reseñable.

Si nos vamos al lado opuesto, donde todo son libertades... la cosa puede convertirse en la Ley del más fuerte. Todo está permitido (o casi). Por un lado es el mundo ideal... donde poder desarrollar las inquietudes propias con total libertad, en la búsqueda de la felicidad. Por otro lado, es también un riesgo de caer en el desorden, donde los débiles se quedan atrás y el beneficio común del orden se pierde.

Personalmente creo que la libertad es algo que debería ganarse un poco más, para poder apreciarse. A veces nos sometemos a todo tipo de normas pensando que nos ofrecerán un beneficio... sea en el comportamiento social, la inhibición de deseos no tolerados o bien el control de las ambiciones en aras de la paz con el prójimo... y a veces ese beneficio no llega. Se siente uno un miembro de una manada de corderos, o bisontes, pero en cualquier caso... limitado en sus decisiones.

Ojito con el exceso de normativas, que llevan a la estupidez y a capar la ambición, la libertad y el pensamiento... y nos acaban igualando a todos, como a los rebaños.

1 comentario: