Es muy cierto que hay gente que nace, como se dice vulgarmente, con una flor en el culo... o al menos así nos lo parece a muchos cuando observamos la suerte con la que parecen nacer algunos. Ya sea por los atributos que se le han concedido (belleza, buena familia, inteligencia, fuerza de voluntad, etc, etc...), ya sea por que los hados parecen estar de su lado (esa persona a la que siempre le tocan los premios en los sorteos, o a la que siempre le pasan las cosas buenas).
Pero ya lo decía un libro célebre (creo que era "La buena suerte", un rato simple, pero muy didáctico y con una buena carga de humanismo y sentido común), la suerte se la crea uno... (resumen básico). Siempre hay una parte imponderable, impredecible... pero podemos conseguir que sea menor. De eso se trata la exploración de los límites... ampliar el conocimiento y el control... y dejar cada vez menos espacio al azar y la ignorancia. En los deportes extremos, o la F1... o cualquier actividad llevada al límite... el triunfo se logra a base de dominar las variables decisivas y no cometer errores. Hay que ser un maestro... y... es cierto que luego siempre existe el azar (la lluvia, los accidentes de otros, los safety cars... por poner un ejemplo más o menos popular... son elementos que trastocan completamente los resultados de la carrera), pero no se puede contar con ellos para triunfar siempre... y, en cambio, se puede luchar contra ellos (anticipándose, previéndolos o, sencillamente, estando mejor preparado para afrontarlos que los demás).
Cualquier objetivo que se plantee uno, sea pequeño o grande, requiere de una serie de pasos para su consecución. No tiene que ser necesariamente un plan, aunque es asimilable. La cuestión es que para conseguir algo (el triunfo, en lo que sea), hay que trazar un plan o al menos identificar lo que es necesario para llegar a él... y ejecutarlo). Sigamos con el ejemplo de la F1... Si el objetivo es ser campeón del mundo, es necesario, a priori, dos cosas: ser un buen piloto y tener un buen coche. Para lo primero, dotes, entrenamiento, pasión. Para lo segundo, dotes de venta, estar en el lugar apropiado en el momento apropiado (para que se pueda ver que eres un gran piloto) y un buen elenco de mega-sponsors. De ahí podemos desglosar los elementos y hacer un plan en el tiempo (ganar x carreras en las categorías inferiores, asegurarse de invitar a destacados caza-talentos del mundillo, etc, etc...), pero básicamente es eso. Ahora bien... aunque hay excepciones... va ser difícil conseguir nada sin llevar la iniciativa. La iniciativa no significa actuar el primero... sino conseguir que el adversario tenga que reaccionar a tus acciones, y consecuentemente, que puedas llegar a ponerlo allí donde has determinado que quieres tenerlo de acuerdo con tu plan. Si el plan es malo, no servirá de mucho... Pero si el plan es bueno, y se ejecuta bien, llevar la iniciativa te dará muchas ventajas.
Llevemos esto al terreno político (que ya se sabe que me pirra hablar de ello). Si observamos al dirigente actual y al líder de la oposición... el papel claro, aparente al menos en base a los hechos y las opiniones declaradas... es que el gobierno lleva la iniciativa y la oposición... va a remolque. Cuando van mal dadas... el gobierno lanza una nueva ley, o batería de decretos-ley, con unas iniciativas que obligan a la oposición a posicionarse respecto a ellas. Y claro... como quien lo hace está en el poder... escoge la forma, la intensidad y el momento de la iniciativa... pero siempre va con ella por delante. La oposición, prácticamente sólo responde. Se podría pensar que la estrategia de la oposición es dejar que las iniciativas del gobierno lo lleven (y con él al país) al desastre, de forma que tengan que acudir a ellos sí o sí para la siguiente legislatura. No por méritos propios (la oposición poco puede hacer aparte de prometer cosas y mantener un discurso coherente...), sino por deméritos del gobierno.
Revisemos históricamente... cómo han llegado al poder los gobiernos. Rodríguez Zapatero llegó al poder lanzando un mensaje muy de izquierdas, y habiendo conseguido liderar alguna iniciativa que se aprobó durante el gobierno PP (como el Pacto Antiterrorista... todo y que luego se ha probado que su partido mantenía contactos con ETA y la izquierda abertzale a espaldas del gobierno...). Pero venía con un programa bajo el brazo, muy claro. El anterior gobierno, de Aznar, llegó después de dos derrotas en las urnas, cada vez más ajustadas... Había ciertamente un descontento con el gobierno de González, pero hasta que no se apuntilló con una ofensiva en prensa que ponía delante de los lectores, día sí y día también, los desmanes de la corrupción de aquel gobierno y el asunto GAL, no se consiguió que la gente dejara de votar al anterior gobierno. No obstante, Aznar llevaba mucho tiempo dando con el martillo y apretando allí donde más dolía. Era un incordio de oposición... y era evidente que tenía un plan de gobierno, como luego demostró muy rápidamente. De González, lo mismo... el nivel de movilización que hubo para desbancar a la UCD fue muy grande, aunque de esa época ya hablo de oídas (o leídas).
El caso es, que se requiere un plan y llevar la iniciativa. Decidir el momento en el que se quiere mover y poner al otro en posición de responder... a lo que tú le digas y como se lo digas. No es casual que quien ostenta el poder suela pretender desactivar la iniciativa de los opositores a base de no responder por sus actos. Un ejemplo, las ruedas de prensa unidireccionales... donde se hace un comunicado, pero no se admiten preguntas. No hay posibilidad de exigir respuestas a las preguntas que planteen los periodistas. Demasiadas veces vemos en los cada vez más escasos debates, que una pregunta muy precisa sobre un tema muy particular recibe por respuesta una andanada de preguntas al opositor, o un discurso propio, donde ninguno de los dos responde (ni siquiera aparenta) a lo preguntado. Sencillamente, uno dice A.. y el otro responde K... que no tiene nada que ver con lo preguntado. Eso no es un debate.
Si llevamos el asunto a otros contextos, como el ajedrez... supongo que quien sepa un poco del juego comprenderá la importancia de la iniciativa. Las blancas (las que inician el juego) son estadísticamente más ganadoras que las negras. Y una posición débil en cuanto a número de piezas puede contrarrestarse con el desarrollo de la iniciativa... obligando al contrario a jugar al juego que te conviene a ti.
En el mundo de la guerra, esto es particularmente claro y necesario. No confundir la iniciativa con ser el que ataca. La iniciativa puede ser disponer las tropas defensivamente, tomando los bastiones más favorables... y obligando al enemigo a tener que mover ficha, quizá en condiciones que no le favorezcan. Si la defensa busca ese fin, si hay un plan de acción detrás... no deja de ser quien lleva la iniciativa. En terrenos como Iraq o Afghanistan... bueno... es patética la escasa información, digamos de uso común (buscando se encuentran más cosas, pero no en los ámbitos públicos tradicionales como los medios de comunicación), que se distribuye. Sobre el plan y sobre quién lleva la iniciativa. En la primera conquista de Afghanistan (o, mejor dicho, derrocamiento de los taliban), estaba claro que era el bando aliado el que llevaba la iniciativa. En cambio, en el Afghanistan actual, no está tan claro. Parece que los aliados anden reaccionando a la actividad talibán... que por ende parece haber retomado la iniciativa haciéndose con el control efectivo de zonas que antes no lo estaban. Los americanos, precisamente para mantener la iniciativa, solicitaron más tropas para asegurar que llevaban siempre la voz cantante en el conflicto, y evitar que sus tropas tuviesen que estar reaccionando a los ataques taliban, en lugar de atacandolos.
Como de costumbre, me he desviado más de lo que quería y quizá no he tenido tiempo de concretar más los aspectos que quería transmitir, que son el hecho de que la iniciativa es un valor, muy potente. Incluso aquel que está en posición de desventaja aparente (por falta de recursos, por falta de fuerza), puede poner en jaque a su adversario llevando la iniciativa. No dejando que sea el otro el que marque las pautas y los tiempos del combate. Poder elegir el terreno y el momento de la batalla son dos de los privilegios que determinan el éxito de un general. Me he centrado en los aspectos político y militar... de enfrentamiento, porque son los más claros.
Otros ejemplos: en un proceso de reclutamiento... no esperar a la respuesta del caza-talentos, sino ir a buscarla. No esperar su llamada, sino ir a encontrarlo a su oficina (aunque sea casual).
En la caza de pareja (sí, ellas también cazan...)... la iniciativa también cuenta. No es sólo el hombre, aunque se siga esperando de él que la lleve (y si no la lleva, muchas veces se siente fuera de lugar)... sino también la mujer. Y la iniciativa no tiene por qué ser acercarse a él. Puede consistir en una caída de ojos... pero ya has pasado un mensaje... a quien querías y de la forma que querías. Si luego el objetivo no recoge el guante, hay otras posibilidades, pero desde luego, el hombre sabe que es objeto de deseo (o presa).
Cada vez más... en la educación también. Decidir qué se quiere aprender... en lugar de esperar a que lo que se nos enseña tenga algún valor o utilidad. ¿Cuánta gente ha escogido lo que quería aprender? En mi época se tomaban dos decisiones... la rama (letras o ciencias o mixtas)... y la carrera (y sí, dentro de esta la especialización y las optativas, pero con una diferenciación menor -eg: hay menos relevancia entre escoger, dentro de Administración y Dirección de Empresas (ADE), la especialidad de marketing o finanzas... que escoger entre arquitectura o ADE). Luego los masters es otra cosa, pero para la decisión importante no hubo mucha gente, que yo sepa, que tomase mucha iniciativa para decidir su futuro. Los que tenían vocación lo sabían de mucho antes. Los que no sabían muy bien... escogían en función de la información que tenían y de las expectativas básicas. Se sabe que los de ADE tienen facilidad para colocarse laboralmente... pues ahí que vamos. Esta explicación tan simplona se da más de lo que la gente imagina... y sino, que me expliquen qué hace tanta gente estudiando derecho con la escasa salida laboral que tiene.
Por hoy creo que ya vale. Amanece en pocas horas... buena iniciativa será irse a acostar.
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