jueves, 20 de enero de 2011

El factor tiempo

Tiempo, tiempo... es algo que influye en prácticamente todo.

Las reacciones químicas, la física del universo, las relaciones humanas, las inversiones... todo tiene una componente del tiempo. Y... ¿lo estudiamos y entendemos correctamente? Ni siquiera hay una asignatura en el colegio o la universidad, salvo algún seminario que pretende ayudarnos a gestionar mejor el tiempo... o a ocuparlo más eficientemente.

Pensemos en las inversiones. Una inversión es buena o mala en función de en qué momento se compra y en qué momento se vende... y por supuesto, a qué precio... pero dadas las oscilaciones del mercado... uno puede jugar a ganar sencillamente escogiendo el momento apropiado. Obviamente, este es una función de las expectativas de resultados de la empresa, de los resultados reales y de las otras alternativas de inversión que tengan los inversores... pero ¿cuántas veces se compran acciones sin tener más que una idea de que subirán... sin saber si será en 1 semana, 1 mes o varios trimestres, sólo porque hay rumores o información de que esa empresa o sector tiene un producto nuevo y revolucionario?

El precio del petróleo... ¿no resulta curioso que el precio de la gasolina parece desconectado del precio del petróleo? Quiero decir, que te cuentan que el precio del barril sube, pero no ves el aumento en el precio de la gasolina hasta al cabo de unos meses... y no parece que vaya correlacionado (a veces es unas semanas, a veces parece que no se vea afectado en absoluto). Esto es debido a que hay un proceso de transformación del petróleo en gasolina, y que ambos deben ser transportados antes... y, como me dijo un experto, el contenido de un petrolero que tarda algunas semanas en venir desde Arabia Saudi o Kuwait se ha vendido varias veces en su recorrido, merced a la especulación que se hace sobre el crudo). También está el efecto de los stocks almacenados, consumo y expectativas de consumo y el mercado, que permite especular sobre valor futuro. La cuestión es... que el común desconoce cuánto tiempo pasa desde un efecto hasta su repercusión.

Lo mismo pasa a menudo en las estimaciones de los países o empresas respecto a su crecimiento. Los departamentos de planificación pasan muchas horas elucubrando, aunque muchas veces están muy lejos de la realidad y se suelen basar en los tiempos pasados para predecir los futuros... pero no están en el día a día que les permite estimar (o intuir) el impacto de las novedades o los imponderables en los resultados. Tener los mecanismos rápidos y eficaces que permitan implementar las decisiones pronto permite atenuar los efectos perversos. ¿de qué sirve aumentar impuestos que se recaudarán el año que viene si necesito el dinero hoy? Lo que se hace es endeudarse a costa de los impuestos futuros, pagando intereses... (pagamos la imprevisión...).

La lentitud en la toma de decisiones (y su ejecución) es un grave, gravísimo, síntoma de incompetencia que, por desgracia, suele quedar oculto para muchos por la misma lógica por la que el precio de la gasolina no aparece verse directamente repercutido por el precio del petróleo. No tomar las decisiones a tiempo es no tomar las buenas decisiones. Una buena decisión a destiempo es una mala decisión en muchos casos (o una decisión no tan buena).

La anticipación es algo que caracteriza a las empresas solventes. Prevén antes que las demás las crisis, los ajustes de plantilla, los problemas laborales, los mantenimientos... etc... y por eso acompañan a la coyuntura, en lugar de ir a remolque. Por eso mismo, porque están mirando hacia el futuro y todos los elementos que lo condicionan e influyen, son capaces de prever y reaccionar antes que sus competidores.

En servicios... es más visible aún. "El momento de la verdad"... es ese momento en el que se realiza el servicio... se sirve una comida al cliente, se le presenta un informe de consultoría o se le transporta a alguna parte. Todos ellos tienen un contenido (la comida, el informe, la infraestructura de transporte), pero lo que se paga es que suceda en un momento determinado. No recibir la comida 2 horas después de pedirla, no cuando los datos del informe ya están caducados o el cliente que íbamos a visitar ya se ha ido porque no nos llevaron a él a tiempo.

Pensando en abstracto... subiendo el helicóptero más allá de su techo operacional... si miramos a la humanidad con la perspectiva del tiempo... ¿no resulta evidente que estamos completamente condicionados por nuestro "lifespan"... o abanico temporal? Vivimos 80 años (siendo optimista)... de los cuales 20 se destinan a formación inicial y podemos considerar 15 retirados (quizá algunos menos en un tiempo... veremos), es decir, 45 años de vida útil laboral... en la que aprendemos, aplicamos lo que aprendemos, cambiamos el mundo para bien y para mal, acumulamos experiencia... nos reproducimos y transmitimos lo que podemos a las generaciones siguientes. Bien... si lo pensamos, cada vez más hay más que aprender, más complejidad... y también más velocidad de cambio. En realidad... nuestros parámetros mentales no cambian tan significativamente en lo que es una vida individual... y una persona de 30 años no cambia significativamente su forma de pensar cuando tiene 50.

Son los jóvenes los que vienen sin la carga emocional, los que vienen frescos, y los que absorben más rápidamente los nuevos conceptos. Y también se permiten ignorar los viejos. De alguna manera... todo lo que la humanidad aprende debe ser transmitido a las generaciones siguientes en un tiempo relativamente corto, que afortunadamente estamos ampliando (se amplía nuestra esperanza de vida, nuestra salud también, pero también tenemos hijos más tarde y pasamos más tiempo aprendiendo). Antes, cuando la gente moría con 40 años... tenían que tener hijos pronto... antes incluso de los 20 (Si les dejaban) y transmitirles la experiencia antes de que se muriesen a los 40. Ahora hay más que enseñar, pero también se vive más.

Uno podría pensar también que el relevo generacional, al vivir más, se alarga más... se tarda más tiempo en llegar a las posiciones de poder (de poder de cambiar el mundo, se entiende), pero no se aporta lo último que la humanidad ha aprendido, sino lo que la generación que llega al poder tiene en su cabeza... los esquemas de varias décadas atrás. Pasa en Japón... donde la gerontocracia parece dominar el país, cuya juventud, sin embargo, irradia mucha más energía de la que parece que tenga el país. Un país de viejos, dominado por viejos... y que se comporta con espíritu de viejos. Y Europa va por el mismo camino.

Quizá la idea anterior no ha quedado lo bastante perfilada. Pongamos un ejemplo "cercano". La guerra civil. Los de mi generación (treinta y tantos) tuvimos prácticamente todos algún abuelo que luchó en uno u otro lado. Esa contienda condicionó la forma de pensar de ellos, y también algo la de nuestros padres. Nosotros, que nacimos con Franco moribundo o ya muerto, no tenemos más influencia de aquella época que la que puedan transmitirnos nuestros abuelos... que gracias a Dios, lo que nos contaban nos suena muy lejano, y nuestros padres, que gracias a Dios, miraron más adelante que atrás y se preocuparon por que nuestra educación tuviese un carácter más utilitario que ideológico (y esto no es exclusivo de este país, pero permite tener a la gente centrada en trabajar y progresar, más que en enfrentarse). 2 generaciones es lo que cuesta olvidar un conflicto de semejante calado. Olvidarlo, no... pero sí dejar de que nos condicione. Bueno... a algunos les interesa rehacer la historia, pero, francamente, ¿en qué modo favorece a nuestro futuro que alentemos el recuerdo de nuestra mayor estupidez como país, que fue enfrentarnos en una guerra ideológica civil...? Yo nací y crecí ignorante de lo estúpidos que pudimos llegar a ser. Y asumo que mis abuelos lucharon, precisamente, para evitar que sus nietos se dedicasen a enzarzarse en las mismas discusiones que ellos.

Los conflictos pueden eternizarse, como antiguamente, donde los clanes se odiaban a muerte incluso después de haber olvidado la causa inicial que originó el conflicto... pero finalmente el tiempo acaba haciendo su papel... y olvidar permite progresar. Lo mismo sucede con los estereotipos y los condicionantes. Una sociedad puede cambiar completamente en 2 o 3 generaciones. Ejemplos: Alemania y Japón del s. XIX, Turquía, Brazil, China...

No es esta una apología del olvido, pero sí una reflexión sobre la importancia que tiene que, siendo como estamos limitados temporalmente, escojamos los elementos que realmente sirven a las generaciones venideras, y olvidemos o enterremos los demás... los que no sirven para el futuro. Después de todo... aparte de para enseñarnos a no caer en los mismos errores... ¿para qué sirve el pasado? Lo único que cuenta es el presente y el futuro.

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