Se supone que la vida se llena, se siente, se goza al máximo cuando... ¿cuándo?... Bueno... no hay un manual de la vida, pero en las sociedades occidentales, digamos que se supone que una vida plena se suele identificar con una vida llena de logros... que en los formatos estándar, se equipara con logros personales (fundar una familia, conseguir metas de desarrollo personal), sociales (ser alguien, tener una relevancia social, y quizá algún papel más allá del entorno familiar) y profesionales (lo separo de los sociales porque da un poco más de juego, nada más).
Así... en resumidas cuentas. Otros, algo menos ordenados, sencillamente se conforman con llenarla de experiencias... con sobrevivir y disfrutar de la vida. Gozar y sufrir, viajar, experimentar, ayudar y ser ayudado, amar, odiar, reir, llorar, sobrecogerse y tantas otras sensaciones que hacen lo que llamamos vivir una experiencia interesante.
La cuestión, es que no está definido, aunque hay pautas marcadas... que permiten que "tener una vida plena" pueda reducirse a marcarse una serie de objetivos en los campos arriba mencionados y organizar los recursos (tiempo y esfuerzo) para conseguirlos. La marcación de esos objetivos es esencial, obviamente, para conseguir lo que se llama felicidad. O quizá no sea tan obvio y a veces no hace falta seleccionar los objetivos que nos harán felices, sino conseguir aquellos que nos marquemos, por muy estúpidos que sean. Sí, seguro... por eso está el mundo lleno de infelices que trabajaron toda su vida y acabaron desheredados o peor, deshauciados. O cornudos que no supieron asignar prioridades. O luchadores sin rey a quien rendir sus tributos, o su vida.
Para toda esa complejidad... no es hora de hablar. Pero en las pequeñas cosas, aunque se circunscriben a los placeres inmediatos, más terrenales, más ... quizá, espúreos, ¿acaso no encontramos la esencia de la vida también en ellos? ¿Acaso no se entiende mejor el duro trabajo en el campo cuando al final del mismo nos espera un refrigerio servido por un ser querido? ¿Acaso no es, también en las pequeñas cosas, donde los esfuerzos se hacen llevaderos y se ven recompensados?
Identificar los grandes objetivos... es esencial, sí, pero identificar los pequeños placeres que nos dan placer y sabor en la vida, también. En mi caso... veo los momentos de felicidad en la comida y la bebida. En la buena comida y la buena bebida. Y también en la buena compañía, claro... y el escenario apropiado. Y todo eso es una consecución de pequeñas cosas que plasman un momento... un momento de felicidad. Y además lo plasman de verdad en nuestra mente... y cuando pasen 50 años recordaremos ese momento, esa sensación, y eso nos dirá que nuestra vida fue. Y sonreiremos.
No quiero pasarme de epicúreo, pero de un tiempo a esta parte, para las cosas pequeñas... he ido destilando los placeres terrenales que realmente dejan huella en mí, y creo que en otras personas. No se trata de cosas sofisticadas, necesariamente... pero ... hummmm... cuando una cosa se degusta de la forma apropiada, ¡qué placer! Uno percibe que es así como tienen que hacerse las cosas... y que no es lo mismo una cosa a medias que una cosa hecha a conciencia. Se percibe el sentido de las cosas... y la felicidad que supone percibirlo.
Aparte de la comida y la bebida (las buenas... aunque con hambre, un mendrugo de pan también puede proporcionar sensaciones en la misma línea), voy a poner en la lista otras sensaciones: como los olores. No sólo de los manjares, sino de las personas, las flores... los lugares. No solemos ser muy conscientes ni buscarlos demasiado socialmente (no hablo de los perfumes, sino de que los olores nos acompañen, más allá de nuestras personas, en determinados momentos). También la belleza... oh sí... la belleza produce felicidad, sin duda alguna... por eso los artistas han existido desde siempre.
Una ducha caliente.
Una tarde de deporte.
Una pequeña victoria deportiva.
Encontrar algo perdido.
Descubrir un nuevo sabor.
Un amanecer, y un atardecer.
Un chapuzón.
El contacto con otro ser vivo.
Se admiten sugerencias... no pienso hacer una lista exhaustiva. Pero pienso cuidar esos momentos más en el futuro...
Un buen polvo... claro. No quería ponerlo para que no parezca que el sexo nos domina... aunque no es casual que Marslow lo pusiera como parte del triplete de necesidades básicas del ser humano.
ResponderEliminarUn subidón de adrenalina (con un acelerón, un salto al vacío, una travesura)
Una mirada de alguien a quien queremos y que no lo sabe aún.
Una frase dicha en el momento oportuno
Un abrazo. Uno de los buenos... y cuando nos hacen falta.
Cuando se te pasa un dolor que te hacía la vida miserable.
Una noche de rayos y truenos, en una casa con chimenea y en compañía.
Para los papis y mamis... los momentos de los hijos.
Ea... a ver si alguien se anima!