jueves, 28 de mayo de 2020

Del criterio en un momento de caos


Se dice que con tanta gente, es importante generar cosas nuevas para mantenernos a todos en movimiento, siempre aprendiendo, siempre avanzando... amunt, amunt, i foraaaaa!... como decía un personaje de unos dibujos animados japoneses que se veían en tv3 en la época "suave" de los 80 y 90 del siglo pasado. Aunque el "fora" (fuera) se refería probablemente a "fuera de aqui", que es de donde se iba el personaje, volando, cuando decia esa frase, quizá haciendo una juego de palabras con "vola"... pero a alguien acertadamente le pareció mejor eso, fuera. Pues fuera es donde nos podemos encontrar si no manejamos bien el juego del cambio.

No quiero parecer un reaccionario, tan denostados los conservadores... pero el cambio por el cambio nunca me ha parecido atractivo, en ningún caso. Al menos no hasta conocer el sistema, entender sus bonanzas y maldades, sus sustentos y sus fines, y su aportación neta... y entonces podemos hablar de cambiar, partes o todo, pero ya sabiendo dónde estamos y por qué estamos ahí... y sólo faltando añadir el dónde queremos ir y el cómo. No cambiar por cambiar.

Pero en este siglo en el que todo el mundo tiene voz, y en que a todos parece convenir lo de que todas las opiniones cuentan... aunque al final lo que cuenta son las más voceadas por los medios más afines... parece ser. En este siglo, digo, ese "cambio" parece ser "ruido". Hablamos de cambiar de P a Q cuando todavía no tenemos hecha la transferencia de A a B. Que sí, que lo de ser visionarios está muy bien. Que además mola mucho ser el primer explorador del último rincón de la Tierra, pero esa dependencia de los demás y de nuestros anhelos está siendo bastante perniciosa, socialmente hablando. Y digo socialmente porque cada día la sociedad es más tonta, o más estúpida, mejor dicho... pese a tener más medios que nunca para conseguir, prácticamente todo lo que se proponga. Lo malo es que se propone cosas peores que las que se proponía tiempo ha... y se enreda en tonterías mayores de las que solía hacerlo... poniendo en riesgo un edificio más grande (y difícil de reconstruir) que el mejor de sus sueños.

Y en todo este barullo que supone enterarse de adónde no va el mundo, porque no va a ninguna parte segura, según todos los medios, los expertos y sobretodo, gracias a nuestros políticos, educadores y pensadores. Digo que en ese embrollo todo me parece "ruido". Ruido porque noto las vibraciones, acosándome, obligándome a moverme, a consumir, a trabajar, a asumir responsabilidades, a sacrificios, a recompensas... a todo un sistema que se supone que me ha de hacer feliz, pero en el que no he participado más que como seguidor. El "orden" tradicional, el que dicta la vida de las personas desde un punto de vista básico, antiguo... y que va reduciendo su vida con el paso de los siglos.. se está haciendo joven, y tonto. Con los egipcios el progreso era la continuidad. Estar como tus ancestros (que parece que estaban muy bien) era el mayor logro. Luego, con el progreso y la presión por conseguirlo... íbamos a mejor cada generación... y ahora parece que eso se acabó, y que de hombres libres pasaremos a consumistas atontados. Nuestra función, la del ser humano, irá perdiendo relevancia en una sociedad altamente tecnificada y altamente controlada. Total, que parece que hayamos pasado la cúspide y ahora estamos en decadencia, aunque obviamente aún no lo sabemos, porque seguirmos progresando, desarrollando las máquinas, la AI, tecnología, etc... al mismo tiempo que vamos perdiendo peso en la sociedad, que somos más de los que "necesitamos", que estamos más perdidos que nunca y, en palabras sacadas de contexto pero aplicables también, estamos más "alienados" que nunca.

Gracias a que nuestros líderes no han imaginado un futuro mejor. Los demás son sólo ejecutores o tontos convenientes, así que no podemos responsabilizarlos completamente... como no se responsabiliza al soldado raso por el resultado de una guerra, que no ha iniciado, de la que no se beneficia directamente, en la que pone el mayor esfuerzo y corre el mayor riesgo. Pues eso...dejemos al tonto conveniente fuera.

En este contexto embarullado, en que vamos perdiendo referencias, orden, y al mismo tiempo vamos acelerando hacia un destino poco alentador, hecho en falta, en los discursos de los innovadores que ofrecen mucho ruido y pocas nueces, una palabra: CRITERIO.

El criterio es aquello que te permite discernir lo fundamental de lo superfluo. Que te permite tomar las decisiones correctas, en el momento oportuno, para conseguir lo que quieres. Que te permite decidir bien lo que quieres. Que te asienta en el presente y te proyecto al futuro. Un futuro definitivamente mejor.

Uno puede ser poderoso, inteligentísimo, tener unos people skills que le permitan movilizar masas ingentes de personas, vivir larguísimo tiempo, disfrutar o hacer disfrutar a generaciones enteras, ser famoso, tener de todo, conseguir de todo... pero si no se tiene criterio ¿de qué sirve?

El criterio te permite medir y entender quién eres, cómo eres, de dónde vienes y adónde vas. Un buen criterio hace una buena persona. Con sus limitaciones, siempre, pero es persona.

Habrá gente que diga que el criterio no es más que la medida de uno mismo. Yo digo que educar el criterio es fundamental para la supervivencia de la especie. ¿Estamos donde queríamos estar? ¿Dónde queremos estar en unas décadas? ¿En base a qué decidimos? Si cada uno de nosotros no somos capaces de determinar en la justa medida quiénes somos y qué queremos... ¿cómo saber dónde vamos? Podemos movernos... sí... podemos probar muchas cosas... podemos hacer cosas estupendas... pero sin un criterio que las ordene, que les dé sentido y valor... ¿de qué sirven? Son sólo experiencias, que una vez satisfechas pasan al olvido y son rápidamente sustituidas por nuevos anhelos, igualmente inútiles o aleatorios.

Se podría identificar también el criterio por sentido común, pero es que seguimos asumiéndolo en lugar de educándolo. Nos sumergimos en el ruido social, a codazos por controlar a los demás sin que nos controlen, en una piscina llena, donde no nadar es ahogarse, no luchar por el aire es irse para abajo, pero no podemos ver dónde estamos, ni mucho menos decidir adónde vamos. Seguimos creando anhelos, nuevas herramientas, nuevas cosas... pero lo básico, lo esencial, aquello que sustentaba todo lo que éramos... nos lo vamos comiendo poco a poco.

Me imagino que este discurso lo podría tener un egipcio de hace 4000 años, viendo cómo nuevas naciones surgían en el mundo, nuevos imperios deseosos de apropiarse del pasado, que no entendían, y cambiar el futuro, que menos. Y lo hicieron, destruyendo el pasado y dando pie a cosas increíbles. Pero el criterio para discernir lo que está bien y lo que no... y cuándo... probablemente no sea único, y yo desde luego no siento que lo tenga para juzgar aquel pasado. Lo que me parece claro es que nuestros líderes, presentes y futuribles, tienen menos criterio que los anteriores. Y eso es inquietante.




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