jueves, 28 de mayo de 2020

De los líderes

Hace unos años que el concepto de "líderazgo" está muy en boga en los ambientes académicos y profesionales del mundillo de los negocios. Y de otros tantos. La capacidad de liderazgo es algo que, parece, falta en los profesionales de la empresa.

Se dice que un líder nace. Se decía... al menos. Al parecer ahora las habilidades de liderazgo se pueden aprender y entrenar, como cualquier otra habilidad necesaria para tener éxito en los negocios, y bueno, en las empresas. En realidad, en cualquier disciplina que requiera de un grupo de trabajo se puede decir que puede apreciar la tarea de un líder.

Pero según nos cuentan, los líderes escasean. Y además, existe una componente muy funcional en ese deseo de "crear" líderes. Sin duda, un buen líder tiene dos elementos... los innatos... y los aprendidos. Hay personas que llevan en la sangre lo de motivar a los demás, lo de llevarlos hacia metas comunes, lo de tomar responsabilidad, y hacerlo correctamente. Y hay gente que lo aprende, obligado o por interés. ¿De verdad? Bueno, eso nos cuentan, y probablemente, como todo, a base de tesón y conocimiento, se puede "hacer" un buen líder.

¿Se puede? Supongo que con una buena materia prima, sí... pero yo no creo que baste con querer para conseguirlo. En mi opinión, esta moda que lleva unos años entre nosotros por la que nuestra forma de ser está en nuestras manos... por la que podemos convertirnos en lo que queramos (no sólo conseguir retos, sino ser una proposición) tiene elementos nocivos. Está muy bien para estimular al talento, para romper las barreras que nos imponemos nosotros mismos y la sociedad, pero... ¿no es un contrasentido? ¿no atenta contra felicidad el pedir a todos los miembros que intenten ser "líderes", a sabiendas que no todos pueden serlo? ¿no va a generar frustración y rabia? Aquellos que tienen voluntad, no importa los talentos con los que hayan nacido, sin duda pueden conseguir lo que se propongan... pero esa voluntad tiene que compensar la carencia de recursos, de inteligencia, de músculo... de instinto. Y, lo siento, pero individuos con una tan fuerte voluntad escasean, y con la cantidad de estímulos que recibimos hoy en día, es más fácil acomodarse que escoger un único reto y dedicarse en cuerpo y alma al mismo. De ahí que aquellos que se superan, constantemente, puedan ser, en muchos casos... auténticos obsesos. Obsesos con el éxito, obsesos con su forma física, con sus deseos.

Está bien... se supone. Pero... ¿no tiene cierto peligro? Darles a seres obsesivos la capacidad (la formación, la experiencia) de conseguir aquello que les obsesiona... ¿no es un riesgo para los demás?

En toda la parafernalia formativa de los "líderes" echo en falta, por encima de todo, el insistir en la integridad del líder. No porque sea imprescindible... hay diferentes tipos de liderazgo, pero un liderazgo no íntegro no puede ser bueno para los demás.

Después de todo... un líder no es más que quien lidera, desde delante o desde detrás. No está escrito que tenga razón o que sea íntegro, sencillamente que es capaz de movilizar al grupo o sociedad que lidera hacia un objetivo. Un buen líder debería escoger buenos objetivos, pero esa cualidad no suele aparecer en los papers. Y los "buenos" objetivos se supone que son los que son beneficiosos para la mayoría, los que responden a unos valores compartidos... Y hay que tener criterio para discernirlos. Mucho criterio. Y de eso no se habla tanto en los papers de liderazgo. Más bien de las formas que del fondo.







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