En Europa hemos sufrido guerras constantes desde que tenemos historia, y probablemente desde mucho antes. Pero con las últimas parece que aprendimos la lección, y pese a convivir con la amenaza de la guerra fría, hemos creado instituciones y un ambiente de entendimiento y progreso que han permitido y un largo y próspero período de paz, al menos internamente, pero también en gran medida, Europa ha limitado sus conflictos con otros países (excepciones las de Suez, , Indochina, Malvinas, Yugoslavia o Iraq, pero la mayoría como consecuencia de ofensivas externas y no como parte evidente de la geopolítica europea).
Y eso ha propiciado una cierta aversión al conflicto. Y lo llamamos civilización. Pero siempre cuesta, cuando uno se centra en organizar su casa, pensar que los demás están haciendo lo mismo (aunque aparentemente lo hagan peor) parece lo más natural. Pero cuando lo que están pensando es en destruir ese orden y progreso que te has creado... hay que defenderlo... porque la razón no prevalece frente a la barbarie por la vía del ejemplo. Porque la barbarie es eso... precisamente, carencia de razón. Y a la barbarie se la combate con Educación, cuando es posible, pero también con la fuerza. No hacerlo, y no hacerlo a tiempo, puede suponer el triunfo de la barbarie. Los imperios, aunque los solemos asociar con la corrupción y el abuso de poder (o la opresión), aportan un elemento fundamental que los justifica: orden y estabilidad. Y los imperios pueden caer por dos motivos: por debilidad interna o por presiones externas (de otro imperio, generalmente). El orden mundial actual, que tan bien nos parece en Occidente y que, desde luego, también reporta beneficios al resto del mundo, no es gratuito. Es el fruto de muchas guerras, muchos esfuerzos y muchas concesiones.
Por eso cuando sucede lo que ha pasado esta noche en París, cuando se ataca a ese orden que nos hemos dado, a su corazón, a su parte más débil (civiles, desarmados)... no cabe otra que reaccionar enérgicamente, si es que somos leales con el esfuerzo conseguido.
En este caso, además, no caben debates estériles sobre entendimiento de civilizaciones o doctrinas religiosas. Se trata de un acto de barbarie que debe ser respondido con toda contundencia e intención. Debe acabarse con esa amenaza, que no hace espacio para algo mejor, ni lucha contra la opresión... sino que es sencillamente un ejercicio de poder desbocado (porque matar es fácil, es impactante y es definitivo). Luchar contra estos terroristas es luchar contra el caos, contra la muerte y la destrucción, sinsentido y con maldad.
Espero, aunque no albergo grandes esperanzas, que los estados occidentales se planteen más seriamente acabar con los perpetradores de esta barbarie, aquí en la seguridad de Europa o en los confines de la Tierra. Ya no es sólo porque allí esa gentuza mata y destruye impunemente (y de ahí sale la ola migratoria, que huye de esa barbarie), sino porque nos amenaza en nuestra casa.
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