miércoles, 18 de mayo de 2011

De la felicidad

Se supone que en una sociedad moderna y relativamente libre, uno de los pilares es la permisividad que se da a los individuos para buscar la felicidad. ¡Qué menos!, pensarán algunos… pero si nos fijamos en la historia… veremos que eso de la felicidad es un concepto relativamente nuevo. Bastante tenían los seres humanos con sobrevivir y satisfacer las necesidades básicas de Marslow: alimento, cobijo, reproducción… o eso nos cuentan, porque una manifestación de la felicidad, que es la alegría de la celebración o fiesta (por el motivo que sea), vemos que es universal en todas las sociedades, modernas o primitivas.

Pero es cierto que el elenco de posibilidades ha estado tradicionalmente limitado. La posesión de la tierra que permite producir alimentos, la posesión del conocimiento que permite manejar voluntades, la posesión de la fuerza que permite lo mismo, de forma más expeditiva (el abuso, la concentración de riqueza y poder)… son elementos restrictivos de los elementos que, supuestamente, nos dan la felicidad. Al menos restrictivos para los que no tienen esos elementos de poder.

De hecho, yo considero que los seres humanos desarrollados (sí… algunos dudo que lo estén, pero bueno, ese es otro tema), con un nivel de educación, con un nivel de consciencia sobre sus deseos y sus capacidades, y sobre las restricciones del mundo… suelen buscar la felicidad en la consecución de objetivos. Al menos, eso nos cuenta la moral occidental. Y por lo que se ve, es un gran motor de progreso… y las estadísticas dicen que la gente es más feliz en los países más ricos. Y con riqueza hablamos también de posibilidades. En algunos países eres agricultor, ganadero o artesano. A la antigua. En los países desarrollados las posibilidades son enormes, no sólo en la elección profesional… sino también en el estilo de vida.

Como siempre, me disperso. El caso es, que tenemos en Occidente (o el mundo desarrollado) una situación donde las necesidades básicas están cubiertas por un pequeño precio (la aportación a la sociedad de tu tiempo y esfuerzo… a través de un trabajo). Las necesidades superiores, como son la búsqueda de la felicidad, se suponen al albur de cada individuo… pero mientras tanto se le ofrece una selección de tareas que hacer, de opciones donde gastar el dinero ganado con su esfuerzo, y de estilos de vida… de forma que, si la felicidad no te la dan las cosas, el consumo, la participación en la sociedad (vía el trabajo, vía la vida en sociedad) y la familia (que, también da para un estudio aparte… pero que es un elemento aún más importante que la sociedad)… ¿qué podría dártela?

Desconozco el detalle sobre la postura de otras culturas, pero creo que si se centran en el individuo, no discrepan fundamentalmente…

Ahora bien… y vuelvo al origen, no hemos de pensar que esa felicidad del individuo ha estado siempre ahí con tantas posibilidades de germinar. Antiguamente no había libertad para moverse, ni medios para subsistir, ni organizaciones suprafamiliares que ofreciesen tantas posibilidades de desarrollo personal. Por tanto, hemos de estar satisfechos con el sistema actual y hemos de valorarlo en su justa medida. Pero no hemos de perder de vista que si el objetivo es la consecución de la felicidad, hemos de asegurarnos que efectivamente somos felices o nos acercamos. Y podemos plantearnos si ha de ser necesariamente a través de los caminos planteados por la sociedad: el bienestar material, la seguridad económica. Personalmente creo que el modelo se agota y la gente quiere algo más: más tiempo para pensar o hacer cosas totalmente improductivas, pero más satisfactorias… modelos menos eficientes pero más “sostenibles”. Y también, objetivos más variados (no sólo el éxito social en forma de éxito económico, familiar).

La influencia de las sociedades orientales parece haber plantado esta semilla alternativa. Si miro la forma como están desarrollando el capitalismo, me pregunto qué tan extendidas esas formas de pensamiento “chill”, que es como definiría a lo bruto y en resumen, el conjunto de filosofías orientales, estaban en aquellos parajes… donde el nivel de injusticia, masacres, y también energía productiva, es tan grande como el mostrado por las sociedades occidentales. O quizá superior.

El caso es… que merece la pena, puesto que en muchos casos podemos permitírnoslo, hacer una pausa para reflexionar sobre lo que realmente nos aporta felicidad. Y también podemos plantearnos cuánto tiempo podemos permitirnos que una sociedad orientada al progreso pueda proporcionar a sus ciudadanos esa capacidad de buscar su felicidad sin que estos aporten en lo económico de la misma forma que hasta ahora. Es decir, que si mañana todos nos hacemos ascetas… la sociedad tal cual está montada actualmente, se derrumba… y eso no iba a hacer feliz a nadie, a priori (al menos si las necesidades básicas empiezan a no poder cubrirse).

2 comentarios:

  1. Acabo de encontrar tu blog. Me ha gustado esta entrada. Estoy muy de acuerdo contigo, especialmente en la frase "Personalmente creo que el modelo se agota y la gente quiere algo más: más tiempo para pensar o hacer cosas totalmente improductivas, pero más satisfactorias… modelos menos eficientes pero más “sostenibles”. Y también, objetivos más variados (no sólo el éxito social en forma de éxito económico, familiar)". Un abrazo. Gonzalo Gil

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  2. Gracias Gonzo!!
    Me alegra saber de ti!
    Un fuerte abrazo!

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