Nos cuentan, más en unas épocas que en otras, que el ser humano tiene un potencial de desarrollo increíble. Tenemos, gracias a nuestra inteligencia, la habilidad de hacer una cantidad ingente de cosas. Y con el apoyo de nuestra sociedad, más aún.
En las sociedades modernas, más todavía. Nos dicen, nos cuentan, y lo leemos en muchas partes, pero, de alguna manera, no siempre trasciende. El individuo está más diluido, porque más individuos existen en el planeta, y somos más conscientes de la existencia de los demás, merced a los medios de comunicación y transporte. En ese entorno, ser "alguien", llegar a convertirse en un ser humano desarrollado, es más complejo de lo que pueda parecer.
Imaginemos que hemos nacido en una sociedad primitiva. En una tribu amazónica, por ejemplo. El desarrollo humano llega al culmen cuando el individuo se enfrenta a los retos que le lanza la vida: el aprendizaje de la supervivencia, la primera caza, la selección de la pareja, los niños, la aportación a la tribu... la consecución de méritos sociales. Y esos, no son tan sencillos, ni hacen al individuo menos desarrollado que los retos que podamos tener en una sociedad avanzada... donde tenemos otros retos... escoger y desarrollar un estilo, una imagen, una carrera que nos condicionará toda la vida, unos estudios, pareja, enlazar objetivos no siempre comunes, retos profesionales... Total... que finalmente el individuo se ve expuesto a una serie de decisiones que tomar, y de objetivos que conseguir... independientemente de la sociedad en la que nazca.
Ahora bien... la calidad del desarrollo humano está, no sólo en la consecución de esos objetivos, sino en la elección de los mismos. Elegir qué queremos ser y hacer de nuestro tiempo en este mundo, es lo realmente importante. Si un individuo de una sociedad moderna es sólo una pequeña parte de una cadena de producción, y no es capaz de verse en comunión con su sociedad, no está más desarrollado que un niño aborigen del Amazonas que ha conseguido pescar su primer pez.
La comunión con uno mismo... el sentirse parte de algo (la Naturaleza, la sociedad humana, un país, una familia) es fundamental. Y no siempre nuestras elecciones y objetivos están pensando en esa comunión. El tiempo que cada individuo pasa haciendo auténticas tonterías es lamentable. Los programas de la tele, las profesiones, la forma de organizarnos, la búsqueda del dinero ... como elemento fundamental de nuestra vida... no parecen cosas que llenen más que alimentar a un congénere, o crear algo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario