Hoy me da por una descripción.
"No se habían visto nunca, de eso estaban seguros tanto ella como él. Es posible que alguno de sus amigos los conociese a ambos, pero no habían oído hablar el uno del otro... y sin embargo, aquel atardecer, en la boda de un ex-colega de él con una vieja amiga de ella, coincidieron.
Sus miradas se conectaron en el aperitivo. Antes se habían cruzado un momento, pero no se habían visto. Durante el cocktail sus miradas se enredaron irremisiblemente. El estaba conversando sobre nimiedades con un pequeño grupo de conocidos y paró en seco al verla... de pronto todo lo demás carecía de importancia. Se sintió cautivado... curioso, excitado... emocionado... se sintió feliz e inquieto, y sabía que aquéllo era especial, aunque de momento lo único que podía hacer era mantener la mirada, que ella le sostuvo con una sonrisa por unos segundos, a unos 10 pasos de distancia. El perdió un poco la compostura y fijó sus cinco sentidos en ella. El contacto estaba hecho. El dejó a su grupo y se acercó donde estaba ella, que lo recibió con una sonrisa luminosa. El la miró a ella, y sólo a ella... todo el tiempo... esperó unos segundos en que ambos sostenían una sonrisa boba y unos ojos brillantes. El le cogió la mano, sin dejar de mirarle a los ojos... y le dijo: -Hola. Me llamo Alex, soy amigo de Marc, el novio... y creo que Cupido anda por la fiesta". Ella le sonreía, quizá más segura, quizá sólo divertida... y respondió sin rubor "¿de veras?... yo me llamo Carla... y dicen que Cupido se cuela en todas las bodas... resulta muy fácil acertar con las flechas cuando la gente está tan predispuesta, por eso ya sabes que de una boda sale siempre otra....". El, que seguía sin dejar de sonreír y sin soltarle la mano, hizo chasquear los dedos de su mano libre en dirección a su amigo Carlos, que hizo unas señas a su vez al DJ. Sin dejar de mirarla un instante, la arrastró hacia él y le susurró al oído que bailase con él. Ella no se negó. La música empezó a sonar en cuanto llegaron al centro de la pista. Era una melodía suave, propicia para la hora... aunque nadie bailaba excepto ellos. Ella se lo remarcó, un poco azorada, pero sólo un poco. Estaba encantada. Y él también. Se deslizaron suavemente por la pista de baile y pronto se formó un corro amplio a su alrededor. La música se animó un poco más y ellos se explayaron en sus pasos, haciendo uso de todo el espacio que se les dejaba. Ella se dejaba llevar como si hubiese nacido bailando. El estaba tan cómodo que todo parecía más fácil. No era un gran bailarin, pero seguía estrictamente la primera lección: "Escucha la música... y déjate llevar". Y así lo hizo. Sin saber muy bien cómo estaban bailando como si fuesen los novios en el vals de apertura... con todos los invitados curiosos por aquella pareja que estaba completamente absorta del resto del mundo, y sin embargo lo vestían más que las mejores galas. No se animó apenas nadie hasta bien pasado el ecuador de la canción, cuando alguna dama experimentada consiguió que su marido la sacase para aprovechar la magia del momento. Y vaya si había magia. Todo el mundo veía que de aquello estaba brotando algo contagioso, que si no era amor, tenía todos los rasgos. Los dos se acercaron y siguieron bailando, como si hubiesen bailado toda la vida. Los pasos eran frescos, fluidos... sin premeditación, sin brusquedad, llenos de sentimiento. Respiraban el aliento del otro y se hablaban sin palabras...
A los pocos minutos la música cesó, pero ellos continuaron bailando, agarrados el uno al otro, sin querer soltarse. Así siguieron hasta que la música se re-inició, con un estilo completamente distinto, y la magia de la sala pareció desvanecerse, porque nadie más siguió bailando... salvo ellos, a un ritmo distinto de la música, en un mundo aparte. Así siguieron hasta que todos los invitados entraron en el salón para el convite... y ellos se quedaron solos... y no dejaron de bailar en toda la noche, y no hablaron apenas... sus cuerpos lo hacían por sus bocas... y sí, Cupido estuvo en aquella boda"
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