jueves, 1 de julio de 2010

De límites autoimpuestos

No sé cuánta gente tiene la vida que quiere. Intuyo que algunos pocos, que lo vieron claro desde un principio y para los que el precio a pagar se ajustaba perfectamente al valor de su vida deseada.

Muchos otros han escogido caminos trillados. La mayoría, probablemente. ¿Cuántos han hecho un autoanálisis de sí mismos? ¿Cuántos se conocen realmente y saben lo que quieren, para lo que valen, lo que les hace felices? El caso es que esto, que suena a libro de autoayuda... no encaja necesariamente con la realidad... y a veces la vida nos pone las cosas más sencillas... y es más fácil dejarse llevar por lo que se espera de uno que por lo que uno quiere ser. El "yo" individual no siempre lleva a la felicidad.

Supongo que son opciones. Se me ocurre que los piratas tenían este halo de "libertad", de rebeldía... y que por eso tienen esa mística positiva... romántica. Aunque la vida del pirata, hasta donde yo sé, no llevó la fortuna a muchas personas.

Otros dicen que lo que hay que hacer es feliz con lo que se tiene. Tener una actitud positiva siempre. Bien... bien... bien. Sí... supongo que es posible, aunque hay un cierto halo de autoengaño... de sentirse satisfecho con el piso de 30m2 cuando en realidad el que produce satisfacción es el de 120m2.

A veces es más fácil determinar lo que NO se quiere. Y muchas veces no se puede saber hasta que no se prueba. Muchos cambios de carrera o de vida vienen después de un tiempo de intentarlo... pero cuando la oportunidad se presenta de liberarse de ese estilo de vida... lo que es el deseo natural de la persona acaba apareciendo e imponiéndose al orden establecido. O no, y entonces quizá se vive miserablemente... una vida que no se quiere.

Creo que definirse la vida que uno quiere cuesta mucho. Mucho. Y lo logran muy pocos. En cambio, tener claro lo que no se quiere puede ser más fácil, y a veces, si no tienes objetivos claros, saber lo que no quieres vivir o experimentar, también te puede aportar felicidad. Por ende... la consistencia ni siquiera está de moda, y donde antes se aceptaban ciertas cosas, ahora no. Donde antes dije digo, ahora diego Diego... y si lo hago con el suficiente descaro, hasta es posible que ni se den cuenta.

Pero vayamos al tema... "de límites autoimpuestos". Los párrafos anteriores venían de prólogo sobre cómo no somos completamente conscientes de que podemos hacer, hoy en día, casi lo que queramos con nuestras vidas, y sin embargo nos cernimos a unos estilos de vida, a unos horarios, a unas obligaciones... incluso a unos ocios y diversiones... que pocas veces establecemos nosotros, sino que nos vienen impuestos... o nosotros aceptamos y hacemos nuestros. Nosotros, como individuos, a veces nos ponemos los límites del camino que estamos siguiendo... sin pensar que podemos cambiarlo. Un ejemplo... estudiar una carrera y... pensar en hacer otra distinta. Sí... una gran cantidad de personas lo hacen, pero más por circunstancias o avatares de la vida que por decisión personal. ¡Qué pocos filólogos trabajan de lo suyo!¡incluso licenciados en Derecho... o ingenieros!

A veces, muchas, nuestros mayores enemigos para ser felices somos nosotros mismos, que nos ponemos "peros" a nuestros deseos... basados en límites que, de hecho, nadie ha demostrado que estén verdaderamente ahí, pero que todo el mundo se comporta como si estuviesen.

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