Cuando nos cuentan los proyectos que realizarán los ayuntamientos (o que se financiarán a través de los ayuntamientos)... uno se queda helado. Es la definición perfecta de pan para hoy y hambre para mañana. Es como el último festín antes de la frugalidad forzada... pero el festín ni siquiera es bueno. Parece un vaciado último de las arcas, para que los que están en el poder se lo gasten en los proyectos que en las épocas de vacas gordas estaban muy abajo en la lista de prioridades.
Es decir... el colmo de la incompetencia. El problema es que el dinero, igual que el país, es NUESTRO. Tuyo, mío y del resto de cuarenta y pico millones de españoles que viven en él. Mucha gente abomina del sentimiento de propiedad sobre el país... eso de estar orgulloso de tu país, o de los símbolos de tu país... se considera en muchos ámbitos (en el poder, en los Medios, en las escuelas, en la gente de la calle...), propio de otras épocas, retrógrado. Y así está la sociedad, idiotizada, mientras le roban el dinero delante de sus narices. Y lo extraordinariamente divertido es que... los seguirán votando. O sea... que acabamos mereciéndonos el gobierno que tenemos.
Pero no. Sigue siendo mi país, aunque lo tenga que compartir con gente que lo maltrata y desprecia. Pues con ellos o sin ellos, yo no pienso resignarme. Si el niño es tonto, habrá que armarse de paciencia y educarlo. Habrá que deshacer malos caminos y rehacerlos bien. Es duro pensar que hay que volver atrás, pero hay que hacerlo si queremos montarnos un futuro del que podamos sentirnos orgullosos. Volver atrás significa reducir ciertos hábitos improductivos, significa ahorrar y fijarnos más en lo que gastamos y cómo lo gastamos... y también en lo que invertimos... y a quién votamos, y por qué. Y ya puestos... plantearnos qué país queremos. Creo que hace varias décadas que no lo hacemos... Y también ha llegado el momento, de nuevo, de ser exigentes. Exigentes con nuestros gobernantes, exigentes con nosotros y exigentes con los que interactuamos. No aceptar la incompetencia. No mirar al otro lado cuando se pisotean los derechos de los ciudadanos. No decir "todos son iguales" y resignarse. Si no somos capaces de prometernos algo mejor... quizá no lo merezcamos. Pero para merecerlo hace falta ganárselo.
Toca.
No hay comentarios:
Publicar un comentario